“Si no esperas lo inesperado, no lo reconocerás cuando llegue”. HERÁCLITO
martes, 12 de mayo de 2026
El órdago populista de Clavijo
El órdago populista de Clavijo
El presidente de Canarias, Fernando Clavijo, el jueves a su salida del Ministerio de Sanidad. / JAVIER LIZÓN (EFE)
Mezquina. No es difícil calificar la actitud del presidente de Canarias, Fernando Clavijo, durante la crisis del MV Hondius. Ante un brote inesperado y grave de hantavirus en el buque, el mandatario autonómico, lejos de socorrer a los afectados, activó la tecla del egoísmo y adujo todo tipo de insensateces para evitar el fondeo. Fue un espectáculo bochornoso que alcanzó su cénit la madrugada del domingo. Cuatro horas antes de la llegada del barco, Clavijo sacó de la chistera la delirante teoría (obtenida con prisa adolescente de una consulta a la IA) de que unos supuestos ratones infectados pudieran saltar del barco y llegar a nado hasta la costa, propagando el temido virus.
No voy a extenderme para refutar semejante disparate, solo recordar un párrafo del análisis escrito por nuestro redactor jefe de Sociedad y Ciencia, Javier Salas, al respecto:
“No vamos a ser cómplices de algo que pone en peligro la seguridad sanitaria de nuestra tierra”, dijo Clavijo en un órdago populista. Unas horas antes, se había puesto en ridículo a sí mismo al mandar a la ministra Mónica García su argumento científico definitivo: el pantallazo de la respuesta de la IA a un simple googleo, en el que preguntó por “ratas nadadoras”, cuando sabemos desde hace días que son ratones colilargos quienes contagian el virus. ¿Por qué no googlear murciélagos o armadillos zombis? Para Coalición Canaria no hay nada peor que un titular internacional asociando Canarias con algo malo como un brote contagioso, porque la patronal hotelera les tira de las orejas (aunque en este caso pidió que se priorizara la atención humanitaria). Pero a largo plazo, ciudadanos, votantes y turistas deberían fijarse en una cosa: quién se esconde cuando llegan los problemas y quién lo da todo por resolverlos, aunque sea el mar el que los lleva a nuestra costa.
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