martes, 19 de mayo de 2026

El despertar de Andalucía

El despertar de Andalucía

Andalucía ha vuelto a hablar. Y cuando Andalucía habla políticamente, España debería escuchar con atención


Lo primero que conviene señalar es el monumental fracaso demoscópico de buena parte de quienes han convertido las encuestas en un instrumento de combate político. Aquellos que utilizan a determinados institutos como arma arrojadiza deberían incorporar también a quienes erraron de forma estrepitosa en sus análisis sobre el escenario andaluz. Algunas previsiones fueron, sencillamente, un petardazo.

Sin embargo, otros espacios de análisis menos conocidos acertaron algunas claves fundamentales. Desde Equipo 27 sostuvimos que el Partido Popular no alcanzaría la mayoría absoluta, que el PSOE no llegaría a los treinta diputados y que el PP mantenía una base electoral sólida. También anticipamos un crecimiento de Vox, aunque más contenido de lo que algunos pronosticaban, y señalamos el papel decisivo que podía desempeñar Adelante Andalucía en la reconfiguración del espacio político andaluz.

Porque el futuro político andaluz volverá a decidirse en los municipios, en las diputaciones y en la capacidad de construir candidaturas creíbles y sólidas en las grandes poblaciones

Y eso es precisamente lo que ha ocurrido: Andalucía ha vuelto a colocar sobre la mesa una discusión de fondo sobre el modelo político y territorial del Estado.

 Ya lo hizo cuando reivindicó el artículo 151 de la Constitución y forzó un proceso autonómico que cambió España para siempre. Aquel impulso andaluz terminó desembocando en el llamado “café para todos”, impulsado por Felipe González, que generalizó el modelo autonómico hasta convertir provincias en comunidades uniprovinciales y generar una arquitectura institucional que hoy muestra claros síntomas de agotamiento y duplicidad administrativa.

Desde posiciones autonomistas, muchos seguimos defendiendo una España plural, vertebrada por nacionalidades históricas y territorios con identidad propia. Pero también es legítimo preguntarse si determinadas estructuras administrativas siguen respondiendo a necesidades reales o si simplemente compiten entre sí en un entramado burocrático sobredimensionado.

Más allá del debate territorial, las elecciones andaluzas dejan varias conclusiones políticas de enorme relevancia.

La primera afecta al Partido Popular. El liderazgo de Feijóo continúa mostrando debilidades evidentes fuera de determinados marcos mediáticos y territoriales. La estrategia de confrontación permanente, impulsada en gran medida desde el laboratorio político de Miguel Ángel Rodríguez, puede haber funcionado en Madrid, pero encuentra límites claros cuando se traslada al conjunto del país.

El socialismo andaluz sólo dispone de una herramienta verdaderamente vertebradora: el municipalismo

La segunda gran reflexión interpela directamente al PSOE. Andalucía acaba de lanzar un aviso muy serio al socialismo español: el modelo organizativo y discursivo del partido necesita una profunda reorientación.

Porque existe un fenómeno que muchos análisis siguen sin comprender del todo. Hay sectores sociales andaluces que, incluso sin identificarse plenamente con determinadas direcciones territoriales del PSOE, sí respaldan las políticas económicas y sociales impulsadas por el Gobierno de Pedro Sánchez. Existe un voto moderado y transversal que puede activarse en unas elecciones generales frente a una derecha sin liderazgo sólido y una extrema derecha cada vez más desdibujada.

Pero junto a ello hay otra realidad incontestable: Andalucía posee un bloque de derechas ampliamente consolidado. Conviene abandonar de una vez el viejo tópico de que Andalucía es sociológicamente de izquierdas. La historia electoral demuestra que existe una importante base conservadora vinculada culturalmente a estructuras tradicionales de poder social y económico que siguen teniendo una enorme capacidad de influencia.

Ante ese escenario, el socialismo andaluz sólo dispone de una herramienta verdaderamente vertebradora: el municipalismo.

Los alcaldes y alcaldesas continúan siendo el principal capital político del PSOE andaluz porque representan cercanía, gestión y presencia real en la vida cotidiana de la ciudadanía. Ahí reside la auténtica fortaleza del partido y, probablemente, también la vía para su reconstrucción.

Sin embargo, esa potencia municipal no ha sido adecuadamente integrada en la estructura estratégica de la organización. No basta con colocar alcaldes en órganos internos; es necesario reorientar el proyecto político desde la realidad concreta de los pueblos y ciudades, desde los problemas cotidianos de los andaluces y andaluzas y desde liderazgos sociales auténticos, reconocibles y arraigados.

Y eso exige abandonar definitivamente los discursos vacíos, los latiguillos permanentes y la política encapsulada en debates internos alejados de la ciudadanía.

La reconstrucción del PSOE andaluz no pasa necesariamente por un congreso extraordinario ni por una batalla orgánica más. Sería un error volver a desangrar al partido en enfrentamientos nominalistas que sólo profundizan el agotamiento de la militancia y de buena parte de su electorado tradicional.

La salida pasa por otra vía: convivencia, transición y reconstrucción gradual. Un proceso en el que quienes han sufrido la derrota asuman responsabilidades, pero en el que también se preserve el andamiaje territorial y humano que sigue sosteniendo al partido en Andalucía.

No existe hoy un “mirlo blanco” capaz de resolver por sí solo la crisis del socialismo andaluz. La recuperación sólo puede surgir de un trabajo colectivo, paciente y territorializado; de una nueva generación de liderazgos naturales capaces de reorganizar la presencia del partido en las estructuras sociales, económicas y productivas de Andalucía.

Porque el futuro político andaluz volverá a decidirse en los municipios, en las diputaciones y en la capacidad de construir candidaturas creíbles y sólidas en las grandes poblaciones.

Y porque Andalucía, una vez más, ha comenzado a señalar el camino antes que nadie.

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