Un tesoro mudéjar escondido en pleno corazón de Córdoba
Córdoba esconde joyas increíbles casi detrás de cada puerta. Una de las más sorprendentes es la excepcional armadura mudéjar que se mantuvo escondida durante más de siglo y medio en una de las salas superiores de la conocida como Casa de la Concha, situada en la plaza del mismo nombre, junto a la Mezquita de Córdoba. Aún hoy la extraordinaria techumbre, que se conserva en magnífico estado, sigue siendo una perla desconocida para la mayor parte de los cordobeses.
La bellísima cubierta de madera data del siglo XIV; y a principios del XIX, por razones desconocidas, fue tapada bajo un techo de yeso, hasta el punto de que se perdió su rastro. Fue siglo y medio después cuando en un proyecto de rehabilitación del vetusto caserón dirigido por el arquitecto Rafael de la Hoz Arderius el falso techo fue retirado y reapareció el magnífico artesonado para sorpresa de sus propietarios.
Se trata de una cubierta mudéjar con decoración “tipo lacería” que tiene un gran valor histórico. “En Andalucía no hay ninguna como esta”, asegura Carmina Gómez, responsable del Espacio Cultural Casa de la Concha con sede en este edificio. De hecho, la armadura está recogida en un artículo de investigación firmado por María Ángeles Jordano sobre El mudéjar en Córdoba: techumbres de madera en la arquitectura civil.
La historiadora del arte y profesora de la Universidad de Córdoba identifica la joya mudéjar como una “techumbre de par y nudillo, ochavada, de limas moamares y cuadrantes” y una longitud de hasta 7,5 metros por su lado mayor. La techumbre de “par y nudillo” es la estructura clásica del mudéjar español, que fusiona la carpintería islámica con la estética cristiana. Los “pares” son las vigas inclinadas del tejado mientras que los “nudillos” son las horizontales.
Jordano fecha en 1831 el año en que se colocó el “cielo raso”, previsiblemente por el capitular Juan Buller, que vivía entonces en la Casa de la Concha, según consta en una madera hallada en la techumbre. El techo fue retirado en 1970, apunta la autora del artículo, en unas obras de reparación del tejado. Carmina Gómez conoció la sala con la techumbre aún escondida en un viaje que realizó a Andalucía a mediados de los años sesenta. “Vine en una excursión como estudiante, pasé por esta casa y vi todavía el techo raso blanco”, que pocos años después fue eliminado. La Casa de la Concha fue adquirida en 1922 por el padre Pedro Poveda, fundador de la Institución Teresiana. Al parecer, Poveda se la compró a una persona que la consiguió en una subasta por una cuestión de deudas.
La responsable del Espacio Cultural Casa de la Concha cree que la techumbre mudéjar pudo haberse tapado con el falso techo de yeso probablemente como medida cautelar en algunas de las frecuentes pestes que asolaron Córdoba. “Luego se olvidaría y ha estado siglos en el desconocimiento”, argumenta Carmina Gómez. “Esta casa se compró sin saber que la armadura existía”, subraya.
Los orígenes del edificio son difusos. Al parecer, la Casa de la Concha le debe su nombre al apellido de una familia que la ocupó en el siglo XVII, según la información disponible. La pequeña plaza donde está ubicada, de la que parte la famosa Calle del Pañuelo, también toma su denominación de la misma estirpe familiar. El insigne arabista y veterinario Rafael Castejón y Martínez de Arizala identificó a los Concha como una “nobilísima estirpe cordobesa que dio a la patria almirantes y generales, conquistadores y colonizadores de Indias”, según indica la plataforma digital Córdoba Spain.
La soberbia techumbre mudéjar ha logrado sobrevivir seis siglos en un estado de conservación óptimo. Desde hace años es revisada de forma regular por especialistas que someten a la madera a un tratamiento específico. “Hace años tuvo carcoma”, admite en conversación telefónica Germán, el ebanista. El experto afirma que la armadura está en buen estado, gracias, en gran medida, a las condiciones adecuadas del edificio. El especialista también se ocupa de la conservación de la Sinagoga de Córdoba.
El almizate, que es la parte central plana de la armadura mudéjar, y los faldones inclinados que lo unen a la pared tienen un diseño geométrico de estrellas de ocho puntas, conocido técnicamente como “lazo de ocho”. La decoración de la techumbre no está pintada ni clavada encima de la madera sino que está formada por piezas ensambladas entre sí componiendo la estructura de toda la armadura, lo que exige una evidente destreza técnica. Las crucetas son macizas y las vigas tienen molduras decorativas grabadas en la madera mediante una herramienta conocida como gramil. Por eso se les conocen como “papos agramilados”.
El artesonado mudéjar tiene un valor histórico extraordinario pero no es el único elemento sobresaliente de la Casa de la Concha. La entrada del edificio es barroca y el zaguán modernista. La fuente es del siglo XIV y dos arcos del segundo patio también son mudéjares. Pero la pieza más antigua del caserío es el excepcional mosaico romano del siglo II que aparece expuesto en la capilla.
El mosaico fue descubierto en la cripta que se construyó debajo de la capilla bajo la dirección de Rafael de la Hoz. En la cripta está enterrada Victoria Díez, una teresiana sevillana, maestra en Hornachuelos, que fue fusilada con tan solo 32 años en la Guerra Civil española. Además de la capilla, el prestigioso arquitecto cordobés también intervino en la escalera y el comedor.



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