sábado, 16 de mayo de 2026

La crisis de la sanidad pública agita la campaña en Andalucía y pone en riesgo la mayoría absoluta de Juanma Moreno

 

La crisis de la sanidad pública agita la campaña en Andalucía y pone en riesgo la mayoría absoluta de Juanma Moreno

Juanma Moreno, en un acto de campaña este viernes en Sevilla.

José Enrique Monrosi

Sevilla —
15 de mayo de 2026 21:48 h

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Todo el mundo en Andalucía habla del deterioro de la sanidad pública, aunque pocos piensan que el domingo vaya a cambiar el gobierno que la gestiona. Ese contraste, sustentado en los unánimes augurios de las encuestas sobre la victoria del PP, ha marcado la campaña electoral que termina y que ha sido atravesada por el escándalo de los cribados de cáncer de mama. Un torpedo en la línea de flotación de la imagen de buen gestor que autopromociona Juanma Moreno y que pone en peligro la reválida de su mayoría absoluta.

Frente a un PSOE de brazos caídos por el poco tirón de la candidatura de María Jesús Montero y un Vox en crecimiento contenido, los últimos sondeos internos de los partidos detectan la posibilidad de un movimiento en la izquierda que tenga impacto real en el veredicto de las urnas. Lo que apuntan esos 'trackings' que manejan los equipos de campaña es que el malestar por el caos sanitario, que lleva entre otras cosas a que un paciente de Jaén espere 900 días una cita médica o a que hombres andaluces reciban citas para pruebas de cuello de útero, podría canalizarse en forma de voto protesta a una candidatura de Adelante Andalucía en claro ascenso. Y que, por eso, la papeleta de José Ignacio García estaría en disposición de competir al PP los últimos parlamentarios a repartir hasta en seis de las ocho provincias andaluzas, un factor que podría resultar determinante para la pérdida de la mayoría absoluta.

Sanidad pública

Es esa crisis de la sanidad pública andaluza, que ejemplifican las denuncias de miles de mujeres que no fueron atendidas correctamente en los cribados de cáncer de mama, la que ha supuesto un verdadero escollo en la campaña del presidente en funciones. Sus únicos malos tragos, de hecho, se produjeron en los debates electorales, en los que a duras penas intentó zafarse del fuego cruzado de la oposición.

En el primero, ni siquiera dio respuesta alguna a las demandas de información de sus contrincantes y se limitó a perimetrar lo ocurrido a un fallo puntual ya resuelto. En el segundo debate, donde llegó a usar el fallecimiento de su propio padre por cáncer de colon en tiempos de gobierno socialista como contraataque a Montero, despachó el tema al asegurar que no le constan muertes de mujeres entre las afectadas por su gestión en los cribados.

Desde la asociación Amama dicen tener documentados seis fallecimientos entre las 300 mujeres que desarrollaron un tumor maligno de las más de 4.000 que tuvieron problemas con sus pruebas diagnósticas. Pero los andaluces irán a las urnas este domingo sin que la Junta haya reconocido esas cifras y, por tanto, sin que haya terminado de aclarar la dimensión de lo ocurrido. El impacto en la opinión pública de una crisis de tal magnitud ha provocado que las estrategias políticas de todos los contrincantes de Juanma Moreno se hayan centrado en gran medida en lo sanitario, convertido en algunos casos en lema de campaña.

Así lo atestigua, por ejemplo, un cartel electoral que luce en la marquesina de un céntrico barrio de Sevilla. Desde lejos, antes incluso de poder apreciarse el logotipo del partido que pide el voto, se distinguen el blanco y verde de la bandera andaluza y la palabra “sanidad” en letras grandes. Ni siquiera la extrema derecha de Vox, a quien pertenece el anuncio, se atreve en Andalucía a renegar de los colores y los símbolos de una autonomía que, en realidad, rechaza. Y la degradación del sistema público de salud resulta tan estruendosa que los de Abascal no se han resistido a convertirla en proclama. Eso sí, únicamente como recurso de su inagotable ofensiva antiinmigrantes, a quienes culpan también de las listas de espera o de que no haya citas disponibles en los ambulatorios. Una tesis para la que han elegido un eslogan: “Sentido común”.

Según la patronal UNESPA, mientras colapsaba el sistema de cribados de cáncer de mama derivado en algunos casos a empresas sanitarias, aumentaba en Andalucía un 20% la contratación de seguros privados. Un dato que se explica por la percepción que tienen los propios andaluces del estado en que se encuentra su sanidad pública: para más del 40% es su principal preocupación, casi la mitad (48,2%) considera que ha empeorado con el actual gobierno del PP y le ponen la nota más baja del sistema sanitario público de toda España, según las tripas del CIS preelectoral de finales de abril.

Una campaña sin presencia nacional en el PP

Consciente de ese talón de Aquiles, Juanma Moreno ha perseguido una campaña en la que pasen cuantas menos cosas, mejor. Ha evitado, por ejemplo, una presencia masiva de su propio partido a nivel nacional. Solo ha coincidido una vez con Feijóo y otra con Borja Sémper, y ni siquiera eso con su antagonista en el PP, Isabel Díaz Ayuso, que esta vez tuvo que buscar el foco con sus líos en México. El candidato andaluz a la reelección se ha dedicado a cosas como buscar a su vaca de la suerte o grabar un videoclip de una canción presuntamente indie con una letra de un calado, cuanto menos, moderado: “Tu nombre me suena a fantasía, el motor de mis días es Andalucía”.

Hay otros versos, más comprometidos para el presidente, que su equipo intentó acallar. “Hay un secreto a voces que se escucha en las listas de espera: el que tenga dinero, se salva. ¿Y el que no? El que no, que se muera”. Esa copla de carnaval, de la comparsa gaditana de Jesús Bienvenido, fue denunciada por el PP ante la Junta Electoral para que fuera eliminada de una actuación programada este sábado, jornada de reflexión. Ante el revuelo generado, el propio Partido Popular decidió dar marcha atrás.

Y enfrente, una izquierda que clama al unísono contra el desmantelamiento de lo público pero que, por el momento, se muestra incapaz de presentarse como alternativa real de gobierno en un feudo progresista durante cuatro décadas. Lejos de remontar, las encuestas internas de los partidos señalan incluso un retroceso en la expectativa de voto del PSOE, que atisba como casi inalcanzable su propio suelo histórico de 30 parlamentarios cosechado hace cuatro años con Juan Espadas.

Lastrados por el desembarco tardío de su candidata y por la imagen de una María Jesús Montero vinculada estrechamente al Gobierno central, la desmovilización entre las filas socialistas hace prever la digestión más difícil de cuantas haya tenido que afrontar en Andalucía un partido acostumbrado a la hegemonía a lo largo de 37 años. De ese esperado batacazo, que lo será en gran parte de Pedro Sánchez, así como de la pugna electoral en la izquierda entre Adelante Andalucía y la coalición Por Andalucía liderada por Antonio Maíllo, están por ver las consecuencias políticas nacionales a partir del lunes. Aunque seguramente ninguna de tanto alcance como la que tendrá que el PP sea capaz o no de librarse esta vez de una negociación con Vox tras las experiencias de Aragón, Extremadura o Castilla y León, el escenario que de verdad les quita el sueño a Juanma Moreno y a Alberto Núñez Feijóo.

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