Publicado por Rafael Simancas | May 1, 2026 | Punto de Vista | 0
El matonismo forma parte de las estrategias de la extrema derecha a lo largo de la historia, desde el nazismo, el fascismo y el franquismo en la Europa de la primera mitad del siglo XX, hasta los escuadrones ultras en Latinoamérica y los comandos paramilitares en la órbita post-soviética durante los años 70, 80 y 90.
La violencia política y la parafernalia cuasi-militar han seguido acompañando los discursos odiadores y populistas de las formaciones ultraderechistas en las democracias occidentales del siglo XXI.
La gran novedad y el peligro añadido en este tiempo está en la normalización de las estrategias violentas por parte de la derecha tradicional, antaño partidaria de los valores europeístas de la libertad, la igualdad y la democracia, antónimos del matonismo y el empleo de la fuerza bruta para ejercer el poder.
Es lo que está sucediendo en España con la asimilación por parte del PP de los valores y comportamientos de la ultraderecha de VOX. La justificación y defensa que el partido de Feijóo está haciendo del matonismo protagonizado por Vito Quiles es buena muestra de ello.
El acoso violento de Quiles a Begoña Gómez en una cafetería de Madrid se disfraza de periodismo, quiere ser política, y no es una cosa ni la otra, sino simple matonismo.
Se trata de un comportamiento anti social y delictivo, que es preciso denunciar, condenar y erradicar, con las fuerzas de seguridad pública, con el Código Penal y con la acción de la Justicia. La convivencia democrática amenazada por el matonismo ultra debe ser defendida, con las armas del Estado de Derecho.
¿Cuál es la razón del matonismo que intenta sustituir a la política y al periodismo?
En política, algunos llegan a la conclusión de que con sus ideas no pueden alcanzar el poder por las buenas, porque jamás convencerán a las mayorías y, en consecuencia, deciden asaltar el poder por las malas. Si sus listas no obtienen votos suficientes, procuran intimidar y arrinconar con violencia a los adversarios, a fin de retirarles de la escena pública.
La violencia ultra se ejerce a veces de manera directa y bruta, a cargo de sicarios de baja estofa, como Quiles y otros personajes parecidos, a los que se retribuye con dinero público desde administraciones derechistas.
El matonismo de los sicarios se complementa con otras acciones algo más sutiles, desde algunos medios y pseudo medios de comunicación, que difunden desinformación, bulos, mentiras, tergiversaciones y medias verdades, con la intención explícita de desacreditar a los adversarios políticos progresistas. La estrategia se completa con determinadas acciones judiciales abusivas, iniciadas sin fundamento legal por organizaciones ultras.
Lo que ocurre en la política desde siempre, se reproduce ahora en el periodismo. Se disfraza de periodismo el matonismo activista ultra de toda la vida. El acoso violento y la difusión de bulos contra los adversarios políticos se trata de vender como periodismo, y se pretende hacer pasar a los sicarios ultras, como Quiles, por auténticos profesionales de la información.
Algunos han decidido que resulta más fácil y lucrativo servir al poder que a la verdad. Que es más fácil y rentable inventar que investigar. Que se obtienen más seguidores y aplausos más atronantes con invectivas que con informaciones, con adjetivos que con hechos, con insultos que con respuestas. Hacen negocio, pero no es el negocio del periodismo. Es otra cosa, mucho más fea. Matonismo.
Lo malo es que la convivencia democrática requiere de política y de periodismo para sobrevivir, y cuando la política y el periodismo desaparecen ante los matones de medio pelo, la calidad de nuestra democracia se resiente.
Ya no se trata de resistirles. Se trata de contraatacar, en defensa de la democracia, con la ley en la mano. Contra el matonismo.
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