La tendencia mundial hacia la abolición de la pena de muerte, a la que la mayoría de países se comprometieron al ratificar el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, se ha revertido en el último año. 2.707 personas fueron ejecutadas en 2025, un 78% más que el año anterior. Este preocupante aumento, al que contribuyeron tan solo un puñado de países, refleja un endurecimiento de los países en los que se desprecian los derechos humanos y convierte el pasado año el año con más ejecuciones desde 1981.

Así lo refleja el informe anual Condenas a muerte y ejecuciones 2025, en el que Amnistía Internacional recoge un aumento del uso global de la pena de muerte, y advierte de que se debe a "unos pocos gobiernos decididos a ejercer su poder mediante el miedo". Países como China, Irán o Arabia Saudí siguen ejecutando a más personas cada año, mientras que la tendencia global sigue siendo hacia la abolición, lo que revela cómo los países que ejecutan cada vez lo hacen más. "Este alarmante aumento del uso de la pena de muerte se debe a un grupo reducido y aislado de Estados dispuestos a llevar a cabo ejecuciones a toda costa, pese a la tendencia global continuada hacia la abolición", advierte la secretaria general de la organización, Agnès Callamard.

Según Amnistía, China sigue siendo el país con más ejecuciones, aunque los datos exactos sobre el uso de la pena capital allí se mantienen en secreto por el Gobierno de Xi Jinping. Le sigue Irán, donde el régimen islamista de los ayatolás ejecutó a más de 2.100 personas, siendo el país en el que más aumentaron en un año. Allí tuvieron lugar manifestaciones contra la brutalidad de la Republica Islámica que propiciaron la intervención ilegal de Donald Trump en febrero de este año. Los siguientes en la lista son Arabia Saudí, que es el único país que ejecuta mediante decapitación y suma más de 350 asesinados por la monarquía absoluta; y Yemen, con más de cincuenta ejecutados.

Fuera del continente asiático, Estados Unidos es el único país de América en el que se aplica la pena capital por decimoséptimo año consecutivo, con 47 personas ejecutadas en 2025, siendo también el único en el mundo que utiliza la asfixia con nitrógeno como método de ejecución. El otro punto más crítico del mapa está en África, con los 23 ejecutados en Egipto, y los más de 17 en Somalia. La lista la completan Kuwait (17), Singapur (17), Afganistán (6), Emiratos Árabes Unidos (3), Japón (1), Sudán del Sur (1) y Taiwán (1). Amnistía añade a la nómina los países de los que no se conocen los datos oficiales porque sus gobiernos los ocultan. Apuntan que hay constancia de que se han llevado a cabo ejecuciones, sin que se sepa cuántas, en Irak, Corea del Norte y Vietnam, y apuntan que, en el caso de Bielorrusia y Laos, no se puede asegurar que no se hayan producido.

La "guerra contra las drogas" justifica casi la mitad de ejecuciones

El informe pone el foco también en cómo justifican los países seguir aplicando la pena de muerte. En ese sentido, la "guerra contra las drogas" ha ganado fuerza como pretexto para ejecutar, además de para ampliar el uso de la pena capital en las legislaciones de alguno países. Los delitos relacionados con las drogas fueron la causa de 1.257 ejecuciones en 2025, el 46% del total, y casi el doble que el año anterior. Los países que más se acogen a estos delitos son China, Arabia Saudí, Irán, Kuwait y Singapur. Amnistía añade además que se han emprendido iniciativas en Argelia, Kuwait y las Maldivas para incluirlos en la legislación sobre la pena de muerte.

La organización alerta además de los países que están incumpliendo el derecho internacional a la hora de ejecutar. Sobre todo en el caso de los que las llevan a cabo en público, haciendo de la pena capital un ejemplo para el resto de los ciudadanos. En total, el año pasado se llevaron a cabo 17 ejecuciones públicas, todas ellas en Afganistán (6) y en Irán (11). Además, tanto en el país persa como en Arabia Saudí, hay constancia de que se ha ejecutado a al menos tres personas por delitos cometidos cuando eran menores de 18 años.