lunes, 13 de abril de 2026

Una cuestión de tiempo

 

Una cuestión de tiempo



Ester Muñoz, que al ser preguntada por la retención de un soldado 
español de los cascos azules por fuerzas israelíes dijo: 
"que, total, solo había sido una hora...".



La política exterior de Feijóo quedó condensada el otro día en una frase de su portavoz, Ester Muñoz, que al ser preguntada durante la retención de un soldado español de los cascos azules por fuerzas israelíes dijo que, total, solo había sido una hora, que a ella la han retenido más tiempo en controles de tráfico.

O sea: los derechos de los españoles pueden ser violentados bajo un hipotético Gobierno popular, siempre que la violencia la ejerza un amigo de los populares (en el relato de Ester Muñoz, el ejército israelí queda equiparado a la Guardia Civil de Tráfico) y solo sea un rato.

En política exterior, a Feijóo le importa mucho el tiempo. Para condenar una agresión salvaje tienen que pasar muchos días, muchos muertos y muchos edificios derribados

Curiosa manera de entender la política. Al oír la noticia yo entendí que Israel había puesto la mano encima a un representante de Naciones Unidas, un miembro de una misión de paz bajo protección internacional, y que por tanto añadía este nuevo atropello a su larga lista de violaciones de la legalidad respetada por todos los países civilizados hasta la llegada de la internacional ultra a puestos de poder.

Me preocupó además que un compatriota estuviera en manos de unas fuerzas armadas tan demostradamente bárbaras, no pensé que si solo era un rato tenía poca importancia, imagino que en la mente de Esther Muñoz hace falta más tiempo para que el maltrato -una retención ilegal lo es- alcance un poquito de entidad. Una hora es poco más que una colleja, si lo traducimos a otro lenguaje.

No hablemos de la agresión implícita a nuestro país (completada este viernes con las amenazas explícitas del director de orquesta de Trump en Tel Aviv). En esa parte entramos en una escala de medida que no tiene que ver con el tiempo, sino con esa división del mundo que parece que anida en el ADN de los populares: si se retiene a un español en Estados Unidos, Israel o Hungría pues ya lo soltarán, y si lo retienen, pongo por caso, en Venezuela, nuestro embajador se pondrá hecho una fiera. Bueno, no lo sé, ya no recuerdo si en Venezuela eran amigos o enemigos, ahora que, como en el chiste, deben ser amigos porque vienen todos juntos.

En política exterior, a Feijóo le importa mucho el tiempo. Para condenar una agresión salvaje tienen que pasar muchos días, muchos muertos y muchos edificios derribados, e incluso entonces como mucho se puede conseguir un mensajito ambiguo que no hablará nunca del agresor, sino de conceptos genéricos tales como “occidente” o “la paz”.

Esto es lo que deben saber las españolas y los españoles. Cada día está más claro que votar a una opción política es alinearse con una de las dos mitades de un mundo que desgraciadamente se parte en dos, y ya no por matices, sino por principios fundamentales. En la mitad en que yo quiero estar no hay ninguna justificación para los que arrasan ciudades y vidas, en la parte en que yo quiero estar los derechos no pueden ser violados, ni tan siquiera un rato.

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