Enrique Javier Díez Gutiérrez
Para ser demócrata hay que ser antifascista
La Universidad de León ha sido pionera en crear una Microcredencial Universitaria de Pedagogía Antifascista. Esta Microcredencial Universitaria se realiza en el marco de la ejecución de fondos comunitarios Next Generation de la Unión Europea, del plan de recuperación, transformación y resiliencia. Es decir, está avalada no solo por la Universidad de León —pasando todos los requerimientos y trámites legales—, por la Junta de Castilla y León, y por el Gobierno de España, sino también por la propia Unión Europea.
Hemos de ser conscientes de que el auge del neofascismo entre los jóvenes no solo está preocupando cada vez más en los centros educativos y el profesorado, sino que el propio Parlamento Europeo ha pedido la prohibición de grupos y organizaciones neofascistas en una resolución aprobada con 355 votos a favor, 90 en contra y 39 abstenciones. Y en otra resolución señala la importancia de la educación y la difusión de la historia y la memoria democrática para combatir estas ideologías extremistas y promover una sociedad más justa y tolerante.
Esta Microcredencial está avalada por la Federación de Educación del Sindicato Comisiones Obreras en León, la cual ha manifestado de forma urgente que actualmente el profesorado se encuentra sin formación, recursos y estrategias para afrontar esta situación en las aulas, donde jóvenes y adolescentes consideran que ser «malote» ya no es llevar melena heavy o vestir punki, sino que es «ser de Vox». Que ser neofascista es ser antisistema. Y hablan, entre risas, de «Franco, ¡ese bro!», o cantan el himno fascista «Cara al sol» de forma provocativa delante de su profesorado, sabiendo que es una forma de amedrentar y hacer reaccionar al mundo adulto, al profesorado, en cuyos claustros cada vez florece más una mayor autocensura para «no tener más problemas».
De hecho, como manifiesta la Federación de Educación del Sindicato Comisiones Obreras en León «el futuro profesional de quienes trabajarán en educación y campos afines y los profesionales que están en activo se encuentran sin formación específica a este respecto, por lo que consideramos necesaria esta Microcredencial para formarles en estrategias y recursos para afrontar esta situación, que cada vez es más acuciante en las aulas, dotándoles de herramientas fundamentales para la gestión del aula, de los grupos y de los centros ante esta realidad y las situaciones que genera. Creemos que esta formación ayudará a fortalecer y recualificar el papel de los profesionales de la educación en activo y de los futuros profesionales en este campo y en campos afines, como profesionales de la educación comprometidos con una educación y una sociedad democrática, inclusiva e intercultural».
Pero, como ha descrito muy bien el profesor de la Universidad Complutense de Madrid, Pedro López, hay una obsesión de la derecha con el antifascismo. Reflexiona cómo la «derecha patria» ha montado un buen quilombo en las redes sociales a partir de esta Microcredencial en Pedagogía Antifascista de la Universidad de León, hasta el punto de que Vox ha registrado una pregunta parlamentaria al gobierno, indignado por tal iniciativa. Preguntándose cómo a estas alturas del siglo XXI una formación política, aunque sea de extrema derecha, considera que «adoctrinar» es en educar para la democracia y los derechos humanos.
Como él explica: «El fascismo es la antítesis de la democracia, ni más ni menos. La obligación de una democracia es ser antifascista. Pero estamos en un país extraño, no hay más que ver el tratamiento por parte de la policía a grupos fascistas y a grupos antifascistas. Un líder fascista puede hacerse un selfi en una concentración o manifestación con uno o varios policías sin ningún problema; si una antifascista prueba a hacer lo mismo, es muy probable que reciba un empujón o que pruebe la porra del policía si se pone pesado. Para el compadreo con la policía en este país solo tiene la patente la extrema derecha. Es obligación en una democracia que el sistema educativo prepare al alumnado para convivir democráticamente evitando el peligro del fascismo. Este es el espíritu del Consejo de Europa».
Estamos en un momento en que una parte de los jóvenes europeos están apoyando movimientos de extrema derecha inequívocamente neofascistas. En España el grupo de extrema derecha VOX es la formación política más votada entre los jóvenes (uno de cada cuatro jóvenes piensa votar a Vox en las próximas elecciones, según el CIS de septiembre). Al igual que en Francia, donde la Agrupación Nacional de Le Pen es el partido más votado entre los menores de treinta y cinco años. En Alemania, la AfD es la primera o segunda fuerza entre los jóvenes en el este del país.
Esto se atribuye a la ansiedad económica, la precariedad vital y la falta de perspectivas, la crisis de la vivienda, y los sueldos bajos que generan niveles de frustración y ansiedad que derivan en desesperanza y malestar social. Todo ello se da, además, en un contexto de desafección política y pérdida de confianza en las instituciones, donde los discursos populistas y rupturistas de extrema derecha encuentran terreno fértil. Diferentes estudios ponen de manifiesto que estas ideas cada vez son más atractivas para la juventud, que tradicionalmente solía identificarse más con la izquierda. Desde el mayo del 68 hasta el más reciente movimiento del 15M, pasando por los movimientos climáticos o antiglobalización, existía un denominador común: el cuestionamiento del orden establecido desde posiciones ideológicas marcadamente de izquierdas. Sin embargo, en la última década se está produciendo un punto de inflexión en una parte significativa de la juventud —especialmente entre los hombres— con menor nivel educativo y alta precariedad laboral, donde crece el apoyo a la extrema derecha. En este sector de la población cala con fuerza un discurso antimigración, antifeminista y de exaltación de la identidad nacional, de un pasado «glorioso» donde nuestra tribu mandaba más que otras.
Por eso concluye el profesor y experto en derechos humanos, Pedro López, que «educar en democracia es educar en antifascismo y es obligación de cualquier país democrático, que debe llevar al ámbito adecuado, el sistema educativo, las iniciativas de Pedagogía Antifascista para la formación, no solo como recualificación de los profesionales de la educación en activo, sino como formación inicial y permanente en todas las Facultades de Educación y Centros de Formación del Profesorado, si queremos no seguir poniendo en riesgo la democracia».
Concuerdo plenamente con López en que «si algo necesita España en estos momentos, es pedagogía antifascista». Algo tendrá que ver el éxito de la demanda de la Microcredencial en Pedagogía Antifascista de la Universidad de León, que se ha visto desbordada: ya supera en el doble de preinscripciones sobre las setenta plazas ofertadas, a unos días de haberse abierto la matrícula y a casi un mes todavía de cerrarse.
[Enrique Javier Díez Gutiérrez es autor de Pedagogía antifascista (Octaedro, 2025) y No pasarán: Por qué la extrema derecha quiere conquistar la educación pública y qué hacer para defenderla (Plaza y Valdés, 2025)]
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