martes, 7 de abril de 2026

 

La nostalgia y el pasado idealizado ganan peso entre los votantes (también en los jóvenes)

La sensación de agravio y el recuerdo de un pasado mejor crece entre la población, pero también entre los jóvenes. Según datos del CEO, cerca del 40% de los menores de veinticinco años tienen ese componente de pensamiento nostálgico. Diferentes estudios en varios países —incluido España— revelan las consecuencias políticas y por ello es urgente incidir, no en la eliminación de una sensación (la nostalgia), más o menos legítima, sino en la lucha contra una falsa memoria del pasado.

Agenda PúblicaAgenda Pública7 de abril de 2026
La idea de un pasado idealizado se ha incrustado en la ciudadanía así como en los discursos de los partidos políticos. | Unsplash / Miguel Alcántara
La idea de un pasado idealizado se ha incrustado en la ciudadanía así como en los discursos de los partidos políticos. | Unsplash / Miguel Alcántara
La nostalgia se ha convertido en uno de los lenguajes más eficaces de la política contemporánea. Atrás queda la etapa en la que la nostalgia aparecía solo como una emoción privada, ligada a los recuerdos personales o a la experiencia biográfica de cada cual. En el debate público, funciona cada vez más como una forma de interpretar el presente a través de una imagen idealizada del pasado. Ahí reside, en esencia, su fortaleza política: cuando deja de ser memoria personal y pasa a funcionar como diagnóstico colectivo de pérdida, puede transformarse en un combustible especialmente potente para la derecha radical, para distintas formas de populismo e incluso para la normalización de imaginarios autoritarios.

Diversas investigaciones recientes aportan indicios al respecto (como este artículo que publicamos el pasado viernes). También tenemos datos más precisos en España. Los datos de la encuesta del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) con los que hemos trabajado (recogidos en Catalunya, pero razonablemente extrapolables para el conjunto de la sociedad española) muestran que esta predisposición nostálgica tiene ya una base social relevante. El 66,8% está de acuerdo con que "se están perdiendo las tradiciones que definían nuestra cultura y nuestra manera de ser"; el 52,8% comparte la idea de que "antes, el país funcionaba mejor, pero ahora parece haber perdido el rumbo"; y el 60,1% considera que "a la gente que trabaja de verdad ya no se la respeta como años atrás". Estas tres afirmaciones expresan una mirada según la cual el presente aparece como una versión degradada de un pasado mejor ordenado, más respetuoso y más reconocible.

"Todas las sociedades miran hacia atrás para dar sentido a lo que viven. El problema aparece cuando esa mirada deja de ser reflexiva y se convierte en una herramienta política"
La nostalgia, por supuesto, es un sentimiento natural. Todas las sociedades miran hacia atrás para dar sentido a lo que viven. El problema aparece cuando esa mirada deja de ser reflexiva y se convierte en una herramienta política. La investigación reciente distingue con claridad entre una nostalgia personal —ligada a la infancia, la familia o experiencias íntimas— y una nostalgia colectiva o grupal, que remite a "cómo era antes la sociedad" o "cómo era antes la gente". Lo políticamente relevante no es tanto la primera como la segunda. Es esta nostalgia colectiva la que activa comparaciones entre pasado y presente, alimenta la percepción de declive y hace más probable el apoyo a actores que prometen restaurar un orden perdido.


Aquí es donde la nostalgia entra de lleno en la lucha política. Varios trabajos recientes muestran que, cuando las personas sienten que "los de su grupo" han perdido estatus social, económico o influencia política respecto a un pasado idealizado, aumenta la receptividad hacia mensajes populistas y reaccionarios. Esa "privación nostálgica" no siempre nace de un empeoramiento objetivo de las condiciones de vida; muchas veces se apoya en percepciones subjetivas de declive, de pérdida de centralidad o de desposesión simbólica. Y precisamente por eso resulta tan poderosa: porque ofrece una narrativa sencilla, emocional y políticamente movilizadora para explicar un presente complejo.

Los datos recopilados por el CEO van en línea con este marco. La nostalgia no aparece solo en los sectores ideológicamente más conservadores, aunque allí alcance sus cotas más altas. Entre la izquierda y el centroizquierda, el pensamiento nostálgico es reducido; en el centro asciende hasta alrededor del 50%; y entre los ciudadanos de derechas se dispara hasta el 70% e incluso el 80%. Esa concentración no parece casual. La literatura comparada muestra que la nostalgia colectiva encaja especialmente bien con discursos que prometen "recuperar" soberanía, homogeneidad cultural, autoridad o cohesión social, y que presentan las transformaciones recientes como señales de decadencia. En ese terreno, la derecha radical encuentra un marco interpretativo especialmente fértil.

La realidad política del mundo "más nostálgico"

La consecuencia política más evidente es electoral. La nostalgia colectiva se asocia con una mayor simpatía hacia la derecha radical y con una mayor disposición a votar por ella. En el caso holandés, un estudio de Versteegen muestra que la nostalgia grupal, más que la personal, se relaciona de forma consistente con el apoyo a la derecha radical, precisamente porque genera una comparación negativa entre el presente y el pasado y reduce la satisfacción con el gobierno. En el plano comparado europeo, otro estudio de Ferwerda, Gest y Reny encuentra que la privación nostálgica predice tanto actitudes populistas como voto populista en diecinueve países, entre votantes de izquierda y derecha, aunque con mayor intensidad en los comportamientos electorales de la derecha.

Sin embargo, las consecuencias no se agotan en el voto. La nostalgia también puede contribuir a normalizar discursos antes estigmatizados. Algunos estudios recientes sobre nostalgia autoritaria muestran que idealizar un pasado autoritario ya no siempre penaliza a quienes lo invocan; en ciertos contextos, puede incluso reforzar su apoyo electoral. Esto obliga a revisar una vieja idea: la de que la apelación a pasados autoritarios sería necesariamente un lastre político. Hoy sabemos que, cuando esa memoria se presenta en clave sentimental, selectiva y desproblematizada, puede funcionar como un recurso de legitimación. En esa misma línea, el trabajo sobre España y Portugal del que hablamos en Agenda Pública hace unos días muestra que determinados medios no necesitan multiplicar explícitamente las referencias nostálgicas: basta con adoptar un tono más benigno o positivo al hablar del pasado autoritario para reforzar de forma sutil esa disposición y favorecer el apoyo a opciones como Vox o Chega.

"Los jóvenes también pueden sentir nostalgia, no de un pasado vivido, sino de un pasado imaginado, heredado a través de relatos políticos, culturales y digitales"
Quizá el dato más preocupante es el que afecta a los más jóvenes. Entre los menores de veinticinco años, el pensamiento nostálgico ronda el 40%. Esto rompe el tópico según el cual la nostalgia es sobre todo una emoción de personas mayores. Los jóvenes también pueden sentir nostalgia, no de un pasado vivido, sino de un pasado imaginado, heredado a través de relatos políticos, culturales y digitales que lo presentan como más estable, más auténtico y más habitable que el presente. El riesgo es evidente: si el presente se percibe como una versión fallida de un ayer ideal, crece la desafección, disminuye la confianza en la democracia y se vuelve más atractivo el discurso de la restauración.


Por eso conviene tomarse la nostalgia en serio. El objetivo no debe ser negar que exista malestar social real, sino evitar que ese malestar quede secuestrado por una falsa memoria del pasado. La batalla política de nuestro tiempo no se libra solo sobre el futuro; también se libra sobre cómo se interpreta lo perdido. Por tanto, cuando la nostalgia deja de ser memoria personal y se convierte en diagnóstico colectivo de decadencia, puede transformarse en uno de los motores más eficaces del rechazo al presente.
Información en https://agendapublica.es/noticia/20875/nostalgia-pasado-idealizado-ganan-peso-entre-votantes-tambien-jovenes?utm_source=Agenda+P%C3%BAblica&utm_campaign=80545fe646-EMAIL_CAMPAIGN_2020_10_08_05_49_COPY_01&utm_medium=email&utm_term=0_452c1be54e-80545fe646-116874817

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