El jefe de gabinete de la novia del ciudadano particular la cual, chulona mía, preside la comunidad de Madrid, ha dicho del gobierno que es “Banda de criminales a los que vota un tercio de españoles. Un tercio de españoles podrido” Es una España podrida, según parece que digiere el caletre de MAR, que viene de lejos, de aquella compuesta por malos españoles contra la que los héroes de la historia hispana tuvieron que espetarles para su humillación y escarmiento el grito noble y patriótico de “!muera la inteligencia!” porque es menester no olvidar nunca que nos debemos, la gente de bien, a la santa consigna de “la dialéctica de los puños y las pistolas”, prietas las filas y firme el ademán. Siempre con el escapulario y detente de Ricardo III velando por los buenos españoles descendientes de aquellos que gritaban “vivan las cadenas” y arrastraron con sus brazos la carroza de Fernando VII.
Esa política con las vísceras llenas de excrementos que practican el jefe de gabinete y la novia del ciudadano particular es la consecuencia de una derecha posfranquista que asume sin pudor la violencia, física, dialéctica e institucional
El caudillismo que se fundó al grito de “muera la inteligencia” jamás se ausentó del solar hispano. La deriva autoritaria que ha tomado la derecha carpetovetónica no se puede ya conceptuar de falta de algún desarrollo de derechos cívicos o déficits en la calidad de algunas libertades, sino en la implantación ideológica y metafísica de un reflujo democrático severo de carácter autoritario y, lo más grave, que no es de índole transitoria sino definitiva ya que lo considera volver a la normalidad que había sido perturbada por los usos y valores propios de la democracia.
Millán Astray/Miguel Ángel Rodríguez, tanto monta monta tanto, dicen al unísono, cada uno desde su gloria bien ganada, que para “!los cánceres en el cuerpo de la nación! ¡El fascismo, remedio de España, viene a exterminarlos, cortando en la carne viva y sana como un frío bisturí!” No hay otra solución para la España podrida.
En este contexto, el conjunto de la derecha y ultraderecha en España, difícil de diferenciar en ocasiones por su origen común franquista, propician que el debate político se diluya hasta convertirse en un territorio de violencia verbal donde todo se sustancia en una dualidad segregativa entre patriotas y traidores, buenos y malos españoles, en una voluntad autoritaria de exclusión de los que no comparten la ideología conservadora en un formato antidemocrático donde la política solo puede contemplarse desde una relación de vencedores y vencidos.
Esa política con las vísceras llenas de excrementos que practican el jefe de gabinete y la novia del ciudadano particular es la consecuencia de una derecha posfranquista que asume sin pudor la violencia, física, dialéctica e institucional como parte de un componente ideológico incardinado a romper la convivencia democrática y sustituirla por la imposición de una forzada forma de convivencia represiva.
Se pueden apreciar en el vasto territorio doctrinario de un conservadurismo que pretende la vertebración interesada de una deriva de las instituciones cual es, entre otras, que el Poder Judicial actúe con arbitrariedad ideológica contra los otros poderes del Estado.
Al final puede que el problema de España con la derecha sea un problema de índole psiquiátrica. Existe un fenómeno que se llama proyección psicológica o simplemente proyección. Es un mecanismo de defensa inconsciente en el que una persona atribuye a otros sus propios pensamientos, defectos, impulsos o características inaceptables, protegiéndose así de la incomodidad de reconocerlos en sí.
Quizá la España podrida no sea otra que la que define como podrida a la España real, la de los trabajadores, profesionales, intelectuales, la de las clases populares, esa España decente que no merece una derecha podrida.


No hay comentarios:
Publicar un comentario