El bipartidismo se refuerza a costa de sus socios

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una intervención en el pleno del Congreso de los Diputados. análisis independiente del barómetro del CIS publicado este lunes 20 de abril confirma la tendencia observada en la mayor parte de encuestas privadas de las últimas semanas: Sánchez coge aire a lomos de la bandera opositora a Trump e Israel, y Feijóo aprovecha el momento de dudas que atraviesa Vox para relanzar al PP. Socialistas y populares se discuten la victoria en votos, con los segundos por delante en escaños.
La suma de PP y Vox alcanzaría una amplia mayoría absoluta de 187 asientos en el Congreso de los Diputados, 13 menos de la que llegó a marcar hace unos meses. Podemos verlo en el cuadro siguiente.
Trump impulsa a Sánchez
Las continuas referencias de Trump a España deben celebrarse en Ferraz como goles en un Mundial, habida cuenta de su impacto en el tablero electoral. Si tomamos como referencia el voto directo declarado al PSOE que ofrece el propio CIS (sin recalcular) ha pasado en un solo mes del 22,4% al 27,4%, pero más allá de este indicador, incompleto al no estar ponderado, la estimación confirma el cambio de paso.
Ya con datos recalculados, el ascenso sigue siendo importante. Desde que empezara la guerra, a finales de febrero, el PSOE ha recuperado 2,7 puntos de estimación (del 27,4% de votos válidos de febrero al 30,1% de abril) y 10 escaños (de 111 en febrero a 121 en abril), poniendo distancia con su momento más delicado, tras verse golpeado en el flanco de regeneración, que era una de las banderas enarboladas hasta el estallido del caso Koldo.
Posiblemente el dato más representativo del impacto doméstico del posicionamiento internacional de Sánchez frente al presidente estadounidense es la valoración que obtiene entre sus propios votantes, un 7,2 en la escala 1 a 10. Es su mejor nota desde el ya lejano octubre de 2023. Su efecto se deja notar también en la transferencia abierta de votantes de Sumar y Podemos hacia el PSOE.
Hasta aquí las buenas noticias para el PSOE, al que la incipiente recuperación parece haberle instalado en una suerte de conformismo expectante. En Aragón hubo alivio por no caer más allá del suelo histórico de la formación en la región, en Castilla y León la derrota se celebró casi como una victoria y, con la sombra andaluza cada vez más alargada, se mira con buenos ojos unos datos nacionales que están lejos aún de discutir la absoluta a la derecha.
Algo se mueve a la izquierda del PSOE
El porcentaje obtenido en el barómetro de abril por los partidos a la izquierda del PSOE es el más bajo de toda la serie histórica -desde que apareciera Podemos y posteriormente Sumar- lo que evidencia la debilidad actual de este espacio.
El resultado de ambos en Aragón y Castilla y León apuntan a un escenario de confluencia en el PSOE en la mayoría de comunidades, salvo las de sensibilidad identitaria dual donde las marcas de obediencia en el territorio pueden hacer de sostén. A falta de nuevas noticias en la cuestión del liderazgo y la unidad, con el ruido de fondo de las listas andaluzas, la conversión de votos en escaños sigue siendo insuficiente para la izquierda al quedarse muchas papeletas sin premio. Sin resolver esta situación la ley D’Hondt hará el resto.
Vox pierde pie
Hay que irse hasta julio del año pasado para ver al Partido Popular romper la barrera psicológica del 30% y aproximarse a los 130 escaños. Tras un año de rallye alcista de Vox, el frenazo ha llegado justo en el momento perfecto para los conservadores, a las puertas de las elecciones andaluzas, las más importantes de todas las celebradas hasta el momento en los caucus de la derecha.
Del resultado andaluz llegarán nuevos vientos, que impulsarán aún más las tendencias observadas en este barómetro o las corregirán. Son, por tanto, unas elecciones trascendentales para entender el mapa resultante hasta las autonómicas del próximo año, si no media convocatoria anticipada.
El contexto general apunta a una menor fuga de votantes del PP a Vox. También del PSOE, sin que se haya reducido la transferencia global de socialistas a la derecha, que sigue situada en el 10%, desnivelando la balanza.
Vox ha chocado con varias piedras en su camino reciente: la primera de ellas, las expectativas desbordadas, como quedó demostrado en Castilla y León, donde apenas unas décimas robadas por SALF (el partido de Alvise) le hicieron perder tres escaños, y sobre todo, el relato de escalada ininterrumpida. El PP puso en ese momento toda la carne en el asador para ganar la batalla comunicativa y, un resultado que para Vox era su techo histórico, se convirtió de la noche a la mañana en “pinchazo” por no haber roto la barrera del 20%.
La segunda piedra son los líos orgánicos, que nos retrotraen a otros partidos de reciente creación que tuvieron serios problemas internos. No es casualidad que el foco de esos ataques sea Abascal, que hasta el momento había pasado ileso del fuego cruzado a su alrededor. La nota del bilbaíno entre sus votantes ha pasado del 7,5 de noviembre de 2025 al 6,5 actual, un retroceso vertiginoso y especialmente acusado este último mes. Es su peor valoración en años.
La tercera piedra es la falta de un relato claro. Durante meses Vox ha crecido bajo el mantra de ser el partido “que habla claro”, guste más o menos. De tener claro lo que quiere. Esto se ha resquebrajado en las negociaciones eternas para formar gobierno tras las elecciones regionales. En Andalucía se suman las dificultades para dar con la tecla de un relato diferenciador. Hay que decir que este CIS contempla entrevistas realizadas entre el 6 y el 10 de abril, con lo que deja fuera el acuerdo en Extremadura (que ha traído cola en las filas populares) y la entrada en vigor el pasado día 15 de la regularización masiva de más de medio millón de migrantes en España, que ha podido meter de nuevo a Vox en la pelea con un marco más propicio. Lo veremos en el siguiente barómetro.
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