miércoles, 8 de abril de 2026

Europa: más democracia para frenar a la reacción

 La extrema derecha engaña a esas clases populares menos favorecidas que se creen desfavorecidas frente a unos extranjeros a los que se presenta como responsables de la pérdida de sus derechos.



Estamos asistiendo en los últimos años a un avance que parece imparable de las fuerzas de las ultraderechas nacionalistas en el conjunto de los países de la Unión Europa sin excepción como complemento del auge del “trumpismo” en el mundo.

La ultraderecha trata de presentarse como la defensora de los valores tradicionales de la nación y de sus ciudadanos, y en este sentido como la defensora de las clases populares nacionales frente al peligro de una inmigración que les quiere arrebatar sus derechos y sus puestos de trabajo. Este planteamiento sentimentalista haciendo valer unos supuestos valores “patrios” frente a la avalancha de una inmigración con valores, concepciones y raza diferentes, intenta atraer a las clases populares tradicionales presentándose la ultraderecha como defensora de los valores tradicionales y por tanto defensores de los “verdaderos nacionales” frente a la “invasión” de los diferentes venidos de otras latitudes.

El problema es que en la mayoría de los casos las fuerzas democráticas y especialmente la izquierda se ve incapaz de combatir el ideario de la ultraderecha

En realidad, la extrema derecha engaña a esas clases populares menos favorecidas que se creen desfavorecidas frente a unos extranjeros a los que se presenta como responsables de la pérdida de sus derechos y su capacidad adquisitiva, además de competir a la hora de utilizar los servicios sociales como la educación, la sanidad e incluso el derecho a tener una vivienda social.

El problema es que en la mayoría de los casos las fuerzas democráticas y especialmente la izquierda se ve incapaz de combatir el ideario de la ultraderecha, así como la ruptura de los sectores que componen en la actualidad la diversidad de las clases trabajadoras, enfrentándolos entre sí y especialmente frente a los trabajadores inmigrantes, a los que la ultraderecha presenta como responsables de todos sus problemas.

La izquierda en lugar de plantear los problemas comunes que afectan al conjunto de las clases populares sin distinción, en lugar de plantear los intereses objetivos y las necesidades conjuntas de las clases trabajadoras y populares se refugian en la defensa de diversos intereses parciales de parte de su electorado. Es así como temas referentes a situaciones importantes como las de género o la multiculturalidad, que afectan a una parte de la sociedad se superponen sobre el debate sustancial de la explotación laboral y social y cultural del conjunto de todos los que componen las clases trabajadoras. Y en lugar de agrupar a los sectores explotados de la sociedad se opta por agrupar parcial y diferencialmente a sectores del conjunto de las clases oprimidas.

Las derechas proponen una defensa “nacional” frente a los emigrantes, diferentes racial y culturalmente, mientras las izquierdas se dividen en la defensa de aspectos parciales y muchas veces culturales del conjunto de las clases trabajadoras, es decir en “guerras culturales”.

No hay duda de que la modernización capitalista acelerada ha creado un malestar social frente a las profundas transformaciones sociales. Especialmente por la falta de reacción por parte de la izquierda en especial socialdemócrata que ha liderado estas transformaciones sin complementarlas con políticas sociales integradoras para las capas populares. Esto, junto a la falta de avance en el desarrollo de una unificación de la Europa política y social ha provocado un fracaso en el proceso de integración de Europa y el nacimiento de fuerzas euroescépticas con respuestas y reacciones xenófobas contra el proyecto europeo y contra la necesaria, para el desarrollo económico, inmigración.

El error cometido por Europa haciendo que el proceso de integración europeo haya sido únicamente económico sin compaginarlo con una integración social y laboral del conjunto de la UE ha hecho perder en muchos sectores populares el respaldo popular a la causa europea. El peso único de la integración económica sin acompañarla de competencias y presupuestos, para una integración de la Europa social han llevado al declive de la legitimidad democrática de la UE.

El avance hacia una Europa política y social sería el mejor antídoto frente a las amenazas “trumpistas” y las demagogias de la ultraderecha reaccionaria que cada vez más conquista a las derechas tradicionales en países como Italia o España. Una EU con poder político y social, es decir competencias y presupuesto, basado en el respaldo popular podría llevar a cabo la reacción necesaria de apoyo al proceso de integración federal.

Pero el principal problema ya no es sólo la falta de una derecha europeísta, sino la propia falta de una izquierda que defienda el carácter federal de la UE que le permita actuar con mayor capacidad a nivel mundial en estos momentos de cambios profundos. Hasta ahora la izquierda europea no ha defendido con convicción la construcción de una Unión que se plantee objetivos como intentar acabar con la evasión fiscal o la imposición de una estricta regulación de los mercados financieros. No hay una izquierda europeísta que defienda la construcción de una unión capaz de controlar a un capital que en la actualidad campa a sus anchas.

La falta de una izquierda potente en los países de la UE que sepa atraer con políticas claras de defensa de los intereses de las clases trabajadoras y populares en los ámbitos estatales y europeos será nefasta para el proyecto europeo. Para defender una democracia fuerte y segura en el conjunto europeo debe acabarse con el distanciamiento económico existente entre los miembros de la eurozona, sin avances en los ámbitos políticos, sociales y laborales. Todo ello ayudará sin duda al crecimiento y fortalecimiento de fuerzas populistas de extrema derecha, que avaladas por el “trumpismo”, llevarán a una erosión de la propia UE y de las democracias nacionales. Sin avanzar en un Federalismo político, económico, social y de defensa en la UE, se siembran las bases para un futuro incierto y se abren posibilidades para su descomposición.

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