Lo que necesita España: diálogo, respeto, confianza y solidaridad

 El profesor portugués Gabriel Magalhâes en su libro Los españoles. Un viaje desde el pasado hacia el futuro de un país apasionante y problemático (2016) comenta con gran acierto que España es un país «de alto voltaje», atravesado por una línea de tensión y en el que siempre hay una parte que tiene miedo de quedar excluida. Por ello, revela que siempre que vuelve a su país desde España se «desenchufa» y le invade una sensación de tranquilidad difícil de percibir en el país vecino de Portugal. «En España no se puede estar distraído» y «Es perfectamente posible que todo el mundo quepa, que nadie perciba riesgo de ser excluido, que todos puedan ser tal como es y que el resto se alegre de ello». España debería ser un país para todos los españoles, donde todos quepamos respetando las diferencias. Hoy, esa frase suena radical, casi ingenua. Estas palabras fueron dichas, hace 10 años. Hoy siguen todavía más vigentes. Para ejemplificar la situación de crispación de España comparada con otros países, como Uruguay, me remitiré a un artículo de John Carlin de marzo de 2024, titulado "Para sentir vergüenza como español", publicado en La Vanguardia, donde refleja la siguiente anécdota ocurrida con un taxista de Montevideo. El contraste con el gremio de los taxistas españoles es impresionante. Es para reflexionar. Carlin cuenta: “Les ofrezco como ejemplo el taxista que me recogió en el aeropuerto, El que me tocó en Uruguay fue, encima, un exsoldado. Lo más lejos imaginable de un votante de Vox, o de Trump, Claudio me dijo que estaba muy a favor de la llegada reciente a su país de inmigrantes venezolanos y cubanos (“trabajan duro y aportan mucho”) y se extendió con orgullo sobre lo fraternales que son las relaciones entre políticos opositores y lo honesto que es el sistema uruguayo. Mientras hablaba y hablaba se me vino a la mente una frase que oí una vez y pensé: Uruguay debe de ser un país de fanáticos moderados”. Viene bien mirar fuera para vernos cómo somos.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez llamó a una reunión en La Moncloa a Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, y está se negó a asistir

A esta crispación asfixiante todos hemos contribuido. Unos más que otros. Partidos políticos, medios de comunicación y la sociedad entera. Mas, lo incuestionable es que España necesita para superarla o mitigarla grandes dosis de diálogo, respetoconfianza y solidaridad entre todos.

Estos hechos que voy a describir son claros ejemplos del desprecio al diálogo. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez llamó a una reunión en La Moncloa a Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, y está se negó a asistir. El candidato del PP a la reelección como presidente de la Junta de Castilla-León, Alfonso Fernández Mañueco, se mostró "muy satisfecho y orgulloso" del resultado conseguido en las elecciones autonómicas del 15 de marzo, y aseguró que empezaría a dialogar con todas las fuerzas políticas menos con el sanchismo. Es decir, que los 379.703 que votaron al PSOE no cuentan para nada. La actuación de Abascal es igual contraria a cualquier diálogo con el Gobierno de Sánchez. Tales actitudes son un ataque total a la esencia de la democracia. Cuando el diálogo muere, muere también la democracia. No es decir nada nuevo que el diálogo es la esencia de la democracia. La política exige el diálogo, y la política democrática exige un diálogo reforzado. Diálogo es lo que nos ha faltado durante estos años, y sigue faltándonos, algo que debería ocuparnos y preocuparnos a todos. Tampoco los españoles a lo largo de la historia hemos dado muchas muestras de nuestra predisposición para el diálogo. Por eso, ya en su libro publicado en 1936 Juan de Mairena. Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifoAntonio Machado nos cuenta: «Preguntadlo todo, como hacen los niños. ¿Por qué esto? ¿Por qué lo otro? ¿Por qué lo de más allá? En España no se dialoga porque nadie pregunta, como no sea para responderse a sí mismo. Todos queremos estar de vuelta, sin haber ido a ninguna parte. Somos esencialmente paletos». En nuestra patria no hay conversación, se lamentaba Salvador de Madariaga en abril de 1935. Añadía: «Genial será el estadista que consiga realizar el gran milagro de España: la síntesis de los monólogos». Y estas palabras son hoy muy pertinentes. Si estamos donde estamos, es porque ha sido abandonado el diálogo. Lo que predomina es el monólogo. 

Mañueco, se mostró "muy satisfecho y orgulloso" del resultado conseguido en las elecciones autonómicas del 15 de marzo, y aseguró que empezaría a dialogar con todas las fuerzas políticas menos con el sanchismo

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