La doble velocidad de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil (UCO) lleva tiempo siendo un habitual, y la ponen frente al espejo casos tan polémicos y mediáticos como el del novio de Isabel Díaz Ayuso, Alberto González Amador, o el del exministro de Hacienda del PP, Cristóbal Montoro.

En los últimos días salía a la luz, después de una investigación de los inspectores de Hacienda que trabajan para la Fiscalía Anticorrupción, que el despacho del que fuera uno de los hombres fuertes con el Gobierno de Mariano Rajoy había ganado 35,5 millones de euros, ascendiendo de esta manera la cuantía inicial. El organismo había detectado 2.100 operaciones entre 2008 y 2013 y más de 150 cheques de origen desconocido.

Más detalladamente, el lobby gasístico, epicentro de la situación que se investiga por haber presuntamente recibido leyes a medida para beneficiarse de una rebaja del 85% en el impuesto especial eléctrico, habría inyectado cerca de un millón de euros al despacho de Montoro a través de pagos troceados de 12.000, 18.000 y 36.000 euros en dos cuentas para no dejar rastro.

Además de tomarse en serio la investigación, el organismo ha pedido la colaboración de Alemania, Estados Unidos (EEUU) Luxemburgo para indagar en la información de cuentas que estarían vinculadas a diferentes socios del exministro.

Lo llamativo es que esta forma de actuar choca con la de la UCO. Otra vez. Mientras la sección de la Benemérita dio portazo al escenario en febrero de 2025, después de analizar prácticamente durante dos años las mismas cuentas bancarias y terminar por no ver nada, Antifraude ha puesto sobre la mesa un informe de 227 folios que describen una cantidad de movimientos que, cuanto menos, llama a hacerse preguntas.

En este punto, se han detectado siete transferencias cuyo destinatario era Montoro por 137.000 euros, uno de ellos a su mujer por 1.450 euros que nadie sabe de dónde proviene. Con los mismos números, la UCO elabora el mencionado documento y un año más tarde Hacienda asegura que existe un montante importante de transferencias que superan los 35 millones de euros de ingresos, o pagos por trajes a medida hechas en el Parlamento.