ANÁLISIS
La ‘UCO patriótica’: indicios de un doble rasero en la persecución de la corrupción
Acusaciones de sesgo selectivo y lentitud en investigaciones contra el PP disparan el debate sobre el uso político de la UCO y la necesidad de transparencia
Agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. EP.
Durante los últimos dos años, la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil (UCO) se ha situado en el centro de una controversia política de primer orden. No por una causa concreta, sino por un patrón que distintos actores - defensas, fiscales, medios y responsables políticos - describen como un celo extraordinario cuando las investigaciones rozan al entorno del Gobierno y, en paralelo, una llamativa lentitud o acotación excesiva en causas que afectan al Partido Popular o a figuras de su órbita. El caso Montoro y la constatación por parte de Anticorrupción de que la UCO dispuso de dos años y sólo investigó 10 de las 200 cuentas corrientes de la trama sin detectar el gigantesco fraude que hoy la Fiscalía tiene sobre la mesa da la razón a quienes piden una investigación inmediata de lo que califican de “UCO patriótica” bajo el mandato del Teniente Coronel Balas.
No se trata de una acusación penal cerrada - no la hay -, sino de una acumulación de indicios que alimentan la idea de una “UCO patriótica”, por analogía con la conocida policía patriótica que operó en etapas anteriores del PP bajo la dirección, presuntamente, del ex ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, con fines políticos y que acabó judicializada. Aquí el debate no es si la UCO “inventa” delitos, sino si selecciona, acelera, dilata o interpreta con un sesgo sistemático según a quién afecte la investigación.
Celo máximo contra el entorno del Gobierno
El caso Koldo/Ábalos es paradigmático. La UCO ha desplegado una actividad intensiva: informes reiterados, ampliaciones, filtraciones a medios y una exposición pública constante de diligencias aún en fase de instrucción. En este marco, las defensas han cuestionado presuntamente la integridad de determinados soportes: por ejemplo, grabaciones atribuidas al presunto confidente Koldo García que, según las periciales practicadas, presentarían metadatos de edición con versiones de iOS inexistentes en la fecha supuesta de grabación. No hay una resolución judicial que declare manipulación; sí hay, en cambio, una controversia técnica no despejada que debería resolverse con nuevas periciales exhaustivas antes de elevar conclusiones incriminatorias.
Otro episodio ilustrativo es el préstamo (que no rescate) de Air Europa. En autos consta que Víctor de Aldama - persona investigada - manifestó en grabaciones que Begoña Gómez no tuvo intervención alguna en la operación, hasta ahora rentable, de la SEPI. Sin embargo, esas manifestaciones exculpatorias no fueron ponderadas con el mismo énfasis que otras piezas incriminatorias en informes iniciales, según han denunciado las defensas. De nuevo: no es una sentencia, pero sí una asimetría en la selección y jerarquización de indicios que llama la atención.
Dilaciones y acotaciones cuando el foco apunta al PP
El contraste aparece con nitidez en causas que afectan al PP. En el caso Montoro / Equipo Económico, la fiscal del procedimiento ha denunciado públicamente que, tras dos años de investigación, solo se analizaron 10 de las cerca de 200 cuentas vinculadas a la trama, pese a que las cifras presuntamente defraudadas al contribuyente superaban los 35 millones de euros. La crítica no es menor: investigar un 5% del perímetro financiero en una causa de esa magnitud reduce drásticamente la capacidad de acreditar responsabilidades.
Otro ejemplo es el caso del novio de Isabel Díaz Ayuso. El juez instructor solicitó un informe a la UCO que se ha demorado durante meses sin que, a día de hoy, más de 200 días después, haya cristalizado en un documento concluyente. No es ilegal; sí es excepcional si se compara con la rapidez y la densidad documental desplegadas en investigaciones contra el entorno del Gobierno.
Un patrón que recuerda a la “policía patriótica”
La comparación con la policía patriótica no es retórica. Aquella operó seleccionando objetivos y filtrando materiales con fines políticos, además de manipular pruebas o, directamente, crear pruebas falsas contra Podemos o las fuerzas independentistas. Aquí, no hay una condena que acredite una estructura ilegal, pero sí un conjunto de señales: prioridades selectivas, filtraciones estratégicas, periciales discutidas y dilataciones asimétricas. La pregunta política es inevitable: ¿por qué unas causas avanzan a velocidad de crucero y otras se eternizan?
A este contexto se suma un dato institucional relevante: el ex jefe de la UCO ocupa hoy un alto cargo directivo en Acciona, una de las grandes compañías recurrentemente citadas en investigaciones y debates públicos sobre contratación. No es una prueba de nada, pero sí un elemento que, en términos de apariencia y confianza institucional, exige máximos estándares de transparencia.
¿Asuntos Internos? Silencio y opacidad
Diversos medios han informado de indagaciones internas para rastrear filtraciones desde la UCO o investigar en el sentido de su sesgo político. Sin embargo, no se ha conocido el resultado de esas investigaciones de Asuntos Internos que analizara de manera integral la posible selección sesgada de indicios o la gestión de periciales controvertidas. La ausencia de una auditoría independiente alimenta la percepción de corporativismo en un momento en que la confianza pública es frágil, y el prestigio de la Guardia Civil puede estar en cuestión.
El problema no es judicial, es democrático
La crítica a la UCO no cuestiona su existencia ni su función. Cuestiona un presunto patrón: excesivo celo cuando el investigado es el Gobierno de Pedro Sánchez y dilación o acotación cuando el foco se desplaza al PP. En democracia, la igualdad ante la ley no solo debe existir; debe parecerlo.
Hoy, la percepción extendida es que no todos los indicios pesan igual, no todas las periciales se examinan con el mismo rigor y no todos los plazos corren al mismo ritmo. Mientras esa percepción no se despeje con transparencia, controles internos y auditorías externas, la sombra de una “UCO patriótica” seguirá planeando sobre una institución que, paradójicamente, necesita credibilidad absoluta para cumplir su misión.
Nota editorial: Este artículo expone indicios, denuncias públicas y asimetrías observables, usando lenguaje condicional y respetando la presunción de inocencia. La exigencia es política e institucional: igualdad de trato, rigor pericial y tiempos razonables, gobierne quien gobierne.

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