Desde la primera edición de la Reunión en Defensa de la Democracia hasta la celebrada este sábado en Barcelona ha pasado año y medio. El contexto es radicalmente opuesto, la envergadura de los retos que enfrenta el multilateralismo también. Especialmente traumáticos para el orden internacional han sido los primeros cuatro meses de 2026, año que se estrenó con el secuestro ilegal de Nicolás Maduro en la bautizada como ‘operación resolución absoluta’ y que sigue actualizándose minuto a minuto entre la dimensión geopolítica y económica del estrecho de Ormuz y la matanza de civiles con la que Israel reproduce en Líbano la ‘doctrina Gaza’

La dimensión de la amenaza, tanto a nivel económico como operativo -desde el corolario Trump en América Latina hasta la amenaza a Groenlandia en Europa-, ha provocado que la cuarta edición de este foro haya sido la más multitudinaria. Aquello que arrancó como una suerte de reunión paralela y privada entre un puñado de países durante la celebración de la asamblea general de Naciones Unidas de Nueva York en septiembre de 2024 se ha convertido en la representación de la alianza del ‘no a la guerra’. El papel protagonista de Pedro Sánchez a nivel internacional, presumen en Moncloa, ha provocado que la condición anfitriona de Barcelona redoblase la asistencia de líderes. Una veintena de países representados entre presidentes, primeros ministros y representantes gubernamentales de Europa, África, Asia, América Latina y el Caribe. 

Especialmente interesante era el análisis de Gustavo Petro, presidente de Colombia, y Claudia Sheinbaum, quien desde México insiste en la necesidad de disculpas públicas por el pasado colonial español. Con su participación, además de la de otros importantes mandatarios como Yamandú Orsi (Uruguay), Cyril Ramaphosa (Sudáfrica), Catherine Connolly (Irlanda), Antonio Costa (Consejo Europeo) o Guy Rider (Naciones Unidas), tanto Sánchez como anfitrión como Lula como copromotor original de la iniciativa han conseguido dotar de fuerza y peso diplomático una iniciativa que se articula, en palabras de Petro a su llegada, “por una alternativa en el mundo, no sencillamente contra Trump”. 

“Tanto la agresión a Irán como la extensión de la guerra es uno de los peores pasos dados por cualquier gobierno, además del genocidio de Gaza. Construir un proceso de paz serio en Oriente debe incluir la solución de los dos estados en Palestina. Además, debemos salir del petróleo, que es lo que provoca el desplazamiento del derecho internacional y la imposibilidad de que la humanidad actúe rápidamente para su propia existencia”, ha analizado el presidente del Ejecutivo colombiano, uno de los más extensos en sus declaraciones a la prensa. “Esta cumbre coloca una flecha que sigue el rumbo de la vida y no de la muerte”, ha rematado.

Un análisis compartido por buena parte de los dirigentes que han desfilado por el pase de micros habilitado en la recepción de la reunión: “Hemos normalizado la guerra y sus terribles consecuencias. Tenemos que preguntarnos en este punto qué podemos hacer para confrontar con el modelo de la guerra”, indicaba la presidenta irlandesa. “Estoy muy contenta de estar aquí, defendiendo siempre la democracia”, arrancaba, citando posteriormente un principio de Abraham Lincoln, “la democracia es el poder del pueblo y para el pueblo”. 

Sobre la hipotética existencia de un conflicto diplomático con España, fruto de la ausencia de perdón gubernamental por los crímenes de lesa humanidad perpetrados en la época colonial, Sheinbaum se ha mostrado tajante y ha limitado su respuesta a dos frases con envergadura de titular: “Nunca ha habido crisis diplomática. Es importante que se reconozca la fuerza de los pueblos originarios para nuestra patria”.