Perfectamente sincronizados, salvo algún error de protocolo arreglado con la sorna de quien lleva meses presumiendo de sintonía, accedían al Palau de Pedralbes de Barcelona el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y su homólogo brasileño, Lula da Silva. Lo hacían con los habituales honores de Estado, soldados presentando armas, los himnos nacionales y dos delegaciones con más de una veintena de ministros, secretarios de Estado y diplomáticos preparados para el ritmo trepidante de las reuniones bilaterales que llevan meses cocinándose. Eran las 11.00 horas, momento de los apretones de mano y la foto de familia. Tocaba remangarse. 

No sería hasta pasadas las 14.00 horas cuando los dos máximos plenipotenciarios de sus respectivos gobiernos comparecerían en rueda de prensa para anunciar milimétricamente el grado de los acuerdos rubricados en este acto, primera cumbre de este tipo que España celebra con un país latinoamericano. Un detalle en el que insistían en los días previos fuentes de Moncloa presentes en la organización del evento, visiblemente orgullosas del dúo diplomático que ha fructificado gracias a los lazos humanos y el análisis compartido del contexto que caracteriza a ambos mandatarios. 

De esta forma, y en un momento de máxima inestabilidad global, fruto de los ataques ilegales protagonizados desde principio de año por Donald Trump -desde Venezuela hasta Oriente-, Sánchez y da Silva han podido conversar a puerta privada de sus puntos de encuentro, la amenaza en América y el Caribe y el orden geopolítico mundial. Conversaciones que, como han explicado fuentes de la delegación española, han derivado en una decena de acuerdos concretos y pragmáticos con los que proteger una alianza que hoy se ha estructurado en tres grandes bloques temáticos: la economía, donde ha brillado el acuerdo bilateral para el abastecimiento de minerales críticos; la innovación, concretada en materias que van desde la ciencia hasta la cultura; y la apuesta social, donde España y Brasil presentan una hoja de ruta compartida frente a retos como la violencia de género o la cuestión racial. 

“Lula nos ha demostrado durante décadas que se puede rebajar la desigualdad sin renunciar al crecimiento económico ni hipotecar a las generaciones venideras. No es casualidad que esta cumbre histórico sea con Brasil. Es un auténtico motor económico y una de las grandes democracias del mundo”, ha arrancado el presidente Sánchez, primero en tomar la palabra ante la atenta mirada de decenas de periodistas españoles y brasileños. Tras los elogios, compartidos posteriormente por su homólogo, el líder del Ejecutivo ha anunciado una pretensión compartida para convertirse en dos interlocutores para acercar a Europa y América Latina. También para profundizar en medidas concretas como la tasa Zucman, una iniciativa para aumentar la fiscalidad sobre aquellas fortunas que tengan más de 100 millones de euros y que califican de prioritaria para reducir la desigualdad, como han reconocido como gran voluntad compartida en rueda de prensa.

“Compartimos una misma visión del mundo: la defensa de la democracia, el respeto al derecho internacional y la paz. Nuestros gobiernos deben redoblar sus esfuerzos para trabajar por la paz y un multilateralismo de futuro. Mientras unos abren heridas, nosotros las cerramos”, cerraba el presidente, cediendo el turno de palabra a su socio, quien ha aprovechado su turno de palabra para profundizar en las necesidades de que la defensa del empleo no vaya en contra de los derecho de los trabajadores, el descanso, el tiempo libre y los salarios dignos. 

Poco después, y tras enumerar la gran cantidad de opciones que se abren tras los acuerdos multidisciplinares alcanzados en esta cumbre, da Silva ha ahondado en la defensa de la democracia y el ‘no a la guerra’: “Mi querido amigo Pedro Sánchez, te entiendo cuando dices no a la guerra. Asistimos atónitos a una nueva carrera armamentística”, indicaba, haciendo evidente su clara sintonía y la conformación de una especie de internacional de la guerra que sirva de némesis de la administración Trump.