El obispo Valdivia alza la voz
“para pedir condiciones
laborales dignas”
El administrador apostólico de la diócesis de Cádiz pide a los responsables de la promoción del trabajo “que faciliten un trabajo decente”
La provincia pierde 9.400 ocupados en el primer trimestre de 2026
“La Iglesia está preocupada por la degradación paulatina de las condiciones en el mundo del trabajo por causas como la precariedad, la temporalidad, o la difícil conciliación o la imposibilidad de acceder a viviendas para dar estabilidad familiar”. Esa preocupación de la Iglesia la transmite y traslada el administrador apostólico en Cádiz y Ceuta, el obispo Ramón Valdivia, que ha compartido una serie de mensajes y de valoraciones vinculadas al mundo laboral, en estas fechas cercanas al próximo 1 de mayo que para la sociedad civil es el Día del Trabajo y en el que la Iglesia Católica celebra la memoria litúrgica de san José Obrero.
Valdivia ha alzado la voz respecto a la realidad del mundo laboral actualmente, protagonizada por “una cultura del éxito que propugna la mentalidad individualista, muy lejana a la búsqueda del bien común”. “Desgraciadamente, nuestra humanidad sigue sin oír el llanto de los pobres”, ha lamentado el administrador apostólico, que ha realizado un repaso por las peores realidades del trabajo hoy, acordándose en primer lugar “de quienes aun teniendo un puesto de trabajo son incapaces de satisfacer las necesidades de su familia, impidiéndoles generar una cultura de la vida por el miedo a las condiciones desfavorables”. También ha mencionado a los trabajadores que fallecen en su puesto “porque no se han arbitrado las medidas oportunas para que la precariedad laboral deje de ser una losa para la seguridad, ya sea por irresponsabilidad o por falta de formación adecuada”.
Otro de los problemas acuciantes es la situación de los migrantes, quienes sin tener seguridad jurídica desempeñan una labor imprescindible en nuestra sociedad, ocupando los trabajos que nadie quiere asumir”, con un problema añadido: que la falta de regulación “hace que su trabajo sea considerado invisible para poder recibir la prestación que debería corresponderle”.
Por último, cita también Valdivia la realidad de la siniestralidad laboral, “tema que personalmente no alcanzaba a comprender su alcance hasta que la Delegada de pastoral del trabajo de la Diócesis de Sevilla me abrió los ojos contándome las tremendas cifras de accidentes, ya fueran graves, o peor aún, mortales”. Informa el obispo sevillano que en la diócesis de Cádiz murieron el pasado año siete personas en accidentes laborales, que en el primer trimestre de 2026 han fallecido ya tres trabajadores y que 2025 registró un total de 31 accidentes de gravedad, según los datos que maneja el Obispado. “Por eso, invito a todos los que reciban este mensaje, a que caigan en la cuenta de que, cada vez que reciban la triste noticia de un accidente o una muerte, sepan que hay un rostro y una familia que se encuentra desamparada, y que, como comunidad cristiana, estamos llamados a protegerles y ofrecerles nuestra ayuda, la que podamos, además de nuestro consuelo”. “Debemos prepararnos para estar cerca de ellos y de sus familias, para que no se encuentren desamparadas. Nuestra mano tendida debe ser expresión de la mano de Cristo, que se acerca a los pobres para que recobren la esperanza”, añade.
Por eso, ante cifras de este tipo, cree el obispo que “no podemos resistirnos a contar, impávidos o indolentes, el número que vaya a engrosar esta negra lista, sino que debemos preocuparnos en mejorar las condiciones del trabajo y apostar por la formación con el fin de ofrecer una seguridad imprescindible en el desempeño de su vocación”.
Y es que frente a estas realidades, ha querido enfatizar Ramón Valdivia que para los cristianos “el valor del trabajo no se mide exclusivamente por la remuneración por la actividad física o intelectual, sino que el trabajo adquiere una trascendencia más profunda, porque afecta a la dignidad de la persona, porque es el modo con el que, cada persona plasma su vocación de ser imagen de Dios que crea y hace crecer”. Por eso, defiende que la Iglesia “tiene también la misión de alzar su voz, como los profetas, para pedir condiciones laborales dignas, e invita a quienes son responsables de la promoción del trabajo a que promuevan condiciones más seguras y faciliten un trabajo decente”. “Necesitamos una cultura de los cuidados que fortalezca la confianza en el mundo laboral, también para quienes se esfuerzan por conseguir trabajo, arriesgando sus recursos y conocimientos”, concluye Valdivia.

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