"Cádiz y San Fernando
conformaban Gadir"
El profesor de la Universidad de Córdoba Antonio Monterroso
argumenta que los fenicios precintaron la Bahía con dos grandes
hitos o fuegos monumentales en ambas islas
"El templo de San Fernando no estuvo en Sancti Petri,
no habría sobrevivido a este lugar toda la vida que tuvo"
Una de las conclusiones que ponen sobre la mesa los profesores de la Universidad de Cádiz y de Córdoba Lázaro Lagóstena y Antonio Monterroso al hilo del proyecto Herakleion es que Cádiz y San Fernando conformaban Gadir en la antigüedad. Así lo recalcaron en las jornadas ‘Nuevas metodologías para la investigación del patrimonio del templo de Melkart-Hércules’ en el Centro de Congresos de San Fernando, argumentando que “en todas las fundaciones los templos de Melkart se encontraban en el sitio de la ciudad, sea en tierra o en una isla, mientras que aquí estaban separados, el templo en San Fernando y Gadir en Cádiz, una anomalía que muchos expertos han señalado, como por ejemplo Lomas Salmonte y Marín Ceballos”, explica Antonio Monterroso.
En este sentido se inclinan por la hipótesis de que los fenicios “recintan” simbólicamente la bahía con dos hitos muy claros, quizás dos fuegos monumentales ligados a Melkart, uno en Cádiz a modo de faro y otro en San Fernando a modo de torre o altar, "de manera que las descripciones de Estrabón se pueden entender perfectamente cuando dicen que en un lado se ubica la ciudad y en otro el templo, ya que todos lo consideran simbólicamente la misma ciudad", aunque hubiese, en principio, agua por medio, y luego arena. Por eso, añade, “el esquema de Gadir es distinto al resto de fundaciones de Tiro en el Mediterráneo, al considerar la bahía como una misma ciudad, donde el templo está en una punta y la aglomeración urbana en sí en otra. Por eso Pomponio Mela cita que la ciudad y el templo están en dos promontorios como extremos de un mismo espacio abrazado por ellos, simbolizado en la forma del cornu, el trombón militar de dos puntas, al que el autor recurre para imaginar la bahía”.
Sobre este templo y su contextualización en el engranaje político y económico también aclararon que el templo de Gadir dependía del rey de Tiro y estaba bajo la protección de su palacio real. El profesor de la Universidad de Córdoba Antonio Monterroso argumenta que el engranaje económico de la ciudad en tiempos fenicios o bien está tutelado por un descendiente del rey, o bien por un funcionario elegido del rey, lo que explica que “todas las fuentes literarias y los restos que conocemos hablan de un Templo de Melkart gaditano que es mimético y exacto respecto al de Melkart de Tiro. Son los dos iguales, los dos únicos que tienen dos columnas famosas en la puerta, ciñendo el Orbe conocido y, por ello, oraculares, al menos en buena parte de la tradición literaria”.
Una conclusión que se extrae de esta herencia directa de Tiro es que se elimina cualquier elemento local. “El resto de los santuarios tartesios o fenicios de Andalucía, de los cuales no pervive ninguno tras el s VI o IV a. C, no son como este de Gadir, pues tienen elementos autóctonos, ligados con Oriente, pero distintos, como pueden ser en cierto modo los altares de fuego en el suelo. La estela de San Fernando nos dice que aquí debió haber preferentemente altares con estelas pétreas dedicados bien al dios-rey de la ciudad, bien a la tríada, Melkart Baal Astarté, similar a las de los templos fenicios orientales, independientemente que se incorporasen colateralmente esos rasgos tartesios”
Cuando el culto del Hércules gaditano se convierte en imperial
Cuando los romanos y Alejandro Magno conquistan el santuario de Tiro, llega un momento en que el santuario de Gadir debió perder esa vinculación y pasa fundamentalmente a vincularse a Roma, “y es ahí donde Julio César debió jugar un papel fundamental”.
Hace referencia Monterroso al relieve de Ostia que ya estudió Ramón Corzo y que identificó con el Hércules gaditano, pues “Ramón Corzo tuvo el enorme mérito de ver que el Hércules de ese relieve de Ostia era el Hércules de Cádiz. Sin embargo, en mi opinión, la representación que hay arriba en el centro es el libro de los destinos del templo, en blanco, simbolizando esta nueva etapa que el templo vive a partir de Julio César, tras la concesión del título de Urbs Iulia Gaditana a la ciudad y haber tomado los romanos el templo de Tyro. La caja de las suertes del relieve apoya, además, encima de un altar anicónico, el mismo que aparece a la derecha también junto a la “pesca” del dios, que es muy similar a la estela de Gallineras que hemos presentado; no tiene ni base ni moldura de coronamiento, como suelen tener los altares clásicos”. Por tanto, explica el experto, el templo naturalmente cambia de manos, y cambia de leyes, aunque tenga su culto ancestral, “pero no es pensable que los emperadores o la administración romana no tuvieran injerencia en él. Por eso considero que el relieve de Ostia tiene que ver con todo este momento de reconfiguración. En ese relieve, de mediados de s. I a. C, a la izquierda, falta la imagen de un triunfador, al que está coronando una victoria, que puede ser perfectamente César mejor que el propio dios”.
En este sentido señala que el culto al Hércules gaditano sí que existía, pero no era culto oficial imperial. De modo que serán “Trajano y Adriano, emperadores en Roma sin orígenes prestigiosos, los que empiezan a referenciarse con el héroe por antonomasia, que era Hércules, el de Cádiz, como ellos por ascendencia y relación familiar, que vino triunfador de las Hespéridas, venció a Gerión y robó las manzanas”. Incluso Teodosio, añade, que fue el último de los emperadores de la Bética, “reformó en Constantinopla el foro que se llama el Forum Tauri con un arco cuyas columnas introducen motivos decorativos relacionados con el Hércules de Cádiz”.

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