El fascismo ha vuelto
La hegemonía de figuras carismáticas cuyos seguidores quedan ciegos ante sus credos proliferan en un mundo aparentemente democrático y totalmente ficticio.
Hablaba el otro día con un tipo que me dibujaba una sociedad ideal como aquella en la que los conflictos no existen, se omiten para vivir en una armonía ficticia que evite el pensamiento crítico con un sistema que, a la vez, nos agota. La anestesia ante el dolor que solo puede sanarse con una intervención a corazón abierto y que no está dispuesta la mayor parte de la sociedad a asumir. Es lo más fascista que he escuchado en mi vida.
El fascismo ha vuelto. Y tengo una mala noticia... Se va a quedar hasta que siembre el desastre en quienes lo estamos viviendo
El fascismo establece la evitación de los conflictos, sometiendo la resolución de las discrepancias que pudieran surgir bajo un pensamiento único que rija desde una visión personalista a una sociedad concreta, en contra del pensamiento marxista, que establece el conflicto como parte ineludible en una sociedad y parte de la resolución de los problemas.
La hegemonía de figuras carismáticas cuyos seguidores quedan ciegos ante sus credos proliferan en un mundo aparentemente democrático y totalmente ficticio. Nada se parece a lo que conocimos en las décadas pasadas y el tronco del Estado de derecho se ha ido carcomiendo por la polilla de la desinformación. El fascismo ya está entre nosotros.
Ha sabido mutarse. Hoy no es aquel fascismo uniformado que cantaba en un cumpleaños mientras un viejo observaba el desastre venidero en las canturreantes voces de los presentes —Cabaret, 1972—. Los símbolos son un clic, un acceso a una publicación en redes. Ha conseguido lo que sus nostálgicos nunca soñaron: que lo asumieran las izquierdas como modus operandi.
El fascismo de este siglo no es ideológico, sino identitario. Fascismo sociológico.
“El fascismo establece la evitación de los conflictos ante un pensamiento único que rija a una sociedad concreta”
El fascismo ha vuelto. Y tengo una mala noticia... Se va a quedar hasta que siembre el desastre en quienes lo estamos viviendo, como ya sucedió con los más de 80 millones de muertos que cayeron por su culpa en la II Guerra Mundial. Sin embargo, las heridas no se abrirán con guerras y devastación, sino en las almas de quienes vivimos este tiempo.
Solo queda una manera de saber lo que ocurrirá y esta es esperar.



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