Querido lector, querida lectora:
Jim Ratcliffe es blanco, inglés y copropietario del Manchester United. Poseedor de una enorme fortuna (en torno a los 20.000 millones de dólares, según ciertas estimaciones), son conocidas sus derivas ultramontanas, como la que protagonizó la semana pasada durante una entrevista en Sky News, en la que hizo la siguiente reflexión: “No puedes tener una economía en la que nueve millones de personas reciben ayudas sociales y no dejan de llegar enormes cantidades de inmigrantes. El Reino Unido ha sido colonizado y nos está costando mucho dinero”.
La carga xenófoba de sus palabras, aparte de sus inexactitudes, desató un aluvión de críticas encabezadas por el propio primer ministro, Keir Starmer. El multimillonario, al que no parecía haberle afectado la contradicción de tener residencia fiscal en Mónaco y dirigir un club con solo 7 jugadores británicos en una plantilla de 32, acabó pidiendo excusas y alegando que solo quería abrir “el debate”.
Pero lo cierto es que Ratcliffe, un hombre de éxito, con todos los bienes materiales que este mundo puede ofrecer, transparentó en sus palabras los miedos que anidan en el rechazo al extranjero: el miedo al pobre, el miedo al otro, el miedo al cambio. Esa cadena de incertidumbres que saca a quienes viven mejor (o a quienes temen vivir peor) de su zona de confort y los conduce al rechazo automático, olvidando que enfrentarse a lo distinto es la esencia del progreso y que rechazarlo es el camino más directo al autoritarismo. |
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