La politóloga, pensadora política y escritora albanesa Lea Ypi (nacida en 1979) publicó en 2021 su quinto libro, Free: coming of age at the end of history, traducido por Cecilia Ceriani dos años después a mi idioma con el título Libre: el desafío de crecer en el fin de la historia. Un volumen que explica el tránsito de Albania desde una dictadura comunista a lo que quiera que sea hoy (“una democracia parlamentaria con una economía de transición”, según Wikipedia) bajo la inconfundible forma de una novela. Porque es una novela que se lee como un ensayo magnífico que analiza la historia del país de su autora (y es además un estudio en sí mismo del socialismo) sin dejar de emplear las maneras narrativas de los novelistas, pero enfocando sus evidentes intenciones para ayudarnos a comprender cómo pasó lo que pasó en Albania en sus cuarenta últimos años. Un ensayo hilarante que se lee, ya digo, como lo que es, una novela. Lo de hilarante tiene sus matices, porque a veces lo que se nos cuenta, la autora lo sabe y juega con ello, no tiene maldita sea la gracia.
Leer Libre: el desafío de crecer en el fin de la historia es un gozo literario de máximo nivel.
La autora era una niña (criada en la ciudad de Durrës), cuando su país, Albania, creía estar “en el lado correcto de la historia”, después de que en la década de 1960 rompiera relaciones diplomáticas con la Unión Soviética (que acusaba a los albaneses de desviacionismo nacionalista de izquierdas) y a finales de la siguiente abandonara su alianza con China “cuando esta decidió enriquecerse y traicionar la Revolución Cultural”. Albania estaba intentando pasar “de la libertad socialista a la libertad comunista”, transitar “de un Estado revolucionario regido por leyes justas a una sociedad sin clases, donde el Estado en sí mismo se iría debilitando”. Sin dinero, sin armas, Albania resistía al Este revisionista y al Occidente imperialista. O eso creían sus dirigentes socialistas. Comunistas, en realidad. Comunistas bajo el liderazgo del Partido (el Partido del Trabajo: sin más, el Partido), encabezado por la figura casi divina de su secretario general, Enver Hoxha. Pero entonces llegó el resquebrajamiento del mundo soviético, la caída del Muro, el final de la Unión Soviética… Llegó 1990.
“Los patrones que habían conformado mi infancia, las leyes invisibles que habían estructurado mi vida y mi percepción de las personas cuyas opiniones me habían ayudado a entender el mundo y darle sentido, todo eso cambió para siempre en diciembre de 1990”.
Aquel socialismo que iba a llevar más pronto que tarde a los albaneses hasta el comunismo sucumbió de repente. ¿Por qué?, se preguntaba entonces la autora…
“Yo creía en eso. No conocía otra cosa. Y de pronto me quedaba sin nada, excepto por unos fragmentos del pasado, pequeños y misteriosos, como unas pocas notas de una ópera perdida en el tiempo”.

Este es un libro también sobre lo peligroso de que la esperanza se convierta en ilusión, en función de cómo se interpreten los hechos. Y sobre lo que la libertad acaba por ser. Sobre lo que en realidad es la libertad. Que tal vez sea lo que decía que era la abuela de Ypi: “la libertad es ser consciente de tus necesidades”.
Lo que ocurrió en Albania a partir de 1990 es que, para empezar, “Milton Friedman y Friedrich von Hayek sustituyeron a Karl Marx y a Friedrich Engels de la noche a la mañana”. Llegaron los tiempos en que “seguía habiendo cortes de luz y, algunas noches de invierno, el frío era más intenso que la tristeza”.
Por aquel entonces, la protagonistanarradora salió por vez primera de su país y fue a Atenas. Merece la pena leer todas sus laprimeravez de aquel viaje:
“La primera vez que sentí el aire acondicionado en la palma de las manos; la primera vez que comí plátanos; la primera vez que vi semáforos; la primera vez que me puse unos vaqueros; la primera vez que no tuve que hacer cola para entrar en una tienda; la primera vez que pasé un control de fronteras; la primera vez que vi una cola formada por coches en lugar de por seres humanos; la primera vez que me senté en un retrete en lugar de ponerme en cuclillas; la primera vez que vi que la gente iba detrás de un perro sujeto a una correa en lugar de ver perros callejeros yendo detrás de la gente; la primera vez que tuve entre las manos un chicle de verdad en lugar de solo el envoltorio; la primera vez que vi edificios con diferentes tiendas y escaparates repletos de juguetes; la primera vez que vi cruces sobre las tumbas; la primera vez que contemplé paredes cubiertas de anuncios en lugar de proclamas antiimperialistas; la primera vez que admiré la Acrópolis, aunque solo desde fuera porque no teníamos dinero para pagar la entrada”.
Me gusta mucho la definición de la historia (no de la disciplina, sino de lo que estudiamos los historiadores) que sin querer hace Ypi cuando escribe sobre algo que aprendió de su abuela…
“Nuestro presente es siempre la continuidad con nuestro pasado: en toda serie de circunstancias aparentemente fortuitas subyacen unas características y unas razones lógicas”.
Más adelante hace una definición más precisa de todo ello, pero ahora ya sí que hace referencia al conocimiento que los historiadores aportan a la sociedad civil sobre su estudio del pasado:
“Esto que llamamos historia y que concebimos como algo más que una secuencia caótica de personajes y de acontecimientos, a la que atribuimos un significado, un hilo conductor y la posibilidad de aprender del pasado para usar ese conocimiento con el fin de construir el futuro”.
¿Cuál es la principal enseñanza del libro de Lea Ypi? Creo que esta:
“Si había una lección que aprender de la historia de mi familia y de mi país era que nunca se eligen las circunstancias bajo las que se desarrolla la historia. Es muy fácil decir: «Lo que vosotros teníais no era lo verdadero»; la frase puede aplicarse al socialismo, al liberalismo, a la Iglesia católica, al islam o a cualquier otro híbrido compuesto de ideas y realidad. Así se quita peso a la responsabilidad individual. Dejamos de ser cómplices de las tragedias morales creadas en nombre de las grandes ideas y ya no es preciso reflexionar, pedir disculpas ni aprender”.
Al final, aunque la autora quiso escribir un libro sobre las ideas acabó escribiendo uno sobre las personas.
“Mi mundo está tan lejos de la libertad como aquel del que mis padres intentaron escapar. Ambos distan mucho de ese ideal. Pero sus fracasos adoptaron formas muy diferentes y, si no hacemos un esfuerzo por entenderlos, continuaremos divididos para siempre. He escrito mi historia para explicar, para reconciliar y para continuar la lucha”.


No hay comentarios:
Publicar un comentario