La muerte de Tomás Centeno en la DGS
Se cumplen 73 años de la muerte del socialista Tomás Centeno en los calabozos de la Dirección General de Seguridad de Madrid. “Así ha muerto un compañero”, tituló en un artículo el...
Centeno nació en Valderas, provincia de León, en el año 1903 en el seno de una familia muy modesta, que quiso que entrara en un seminario como una solución pero él se negó, marchándose a Madrid donde ingresaría en las Juventudes Socialistas. Pudo entrar en la Compañía de Tranvías y llegó a ser cobrador. Estuvo en el Sindicato de Tranvías de la UGT desde el año 1928, y se afilió a la Agrupación Socialista de Canillejas en 1931. Fue detenido en distintas ocasiones por su actividad sindical y fue represaliado por la Revolución de octubre de 1934. Al estallar la sublevación de julio de 1936 estuvo en la formación de las milicias de Pueblo Nuevo-Ventas, y marchó como capitán a la Sierra de Guadarrama, iniciando una intensa actividad militar en distintos lugares de España hasta que fue detenido al terminar la contienda e internado en el Campo alicantino de Albatera.
Tomás Centeno Sierra fue detenido el 15 de febrero mientras acompañaba a su esposa hospitalizada
Estuvo trabajando como penado en el Valle de los Caídos después de que se le conmutara la pena de muerte que le impuso un Consejo de Guerra en julio de 1942. Estuvo en otros establecimientos penitenciarios hasta que fue puesto en libertad vigilada en el verano de 1945. Al salir pasó a trabajar en un negocio de construcción y fabricación de mármol artificial, y decidió retomar su compromiso, al incorporarse a la organización socialista clandestina madrileña. Entre los años 1950 y 1952 formó parte de la Sexta Comisión Ejecutiva del PSOE en el interior, que presidió Antonio Hernández Vizcaíno, y cuando tuvo que huir a Francia por ser perseguido por la policía, se quedó encargado de poner en marcha la Séptima Comisión Ejecutiva, haciéndose cargo de los archivos. Pero no duró mucho esta Ejecutiva, ya que, al año, en febrero de 1953, fue desarticulada. Centeno fue uno de los detenidos, y lo fue el 15 de febrero mientras acompañaba a su esposa hospitalizada.
Los socialistas en el exilio reaccionaron inmediatamente. Las Comisiones Ejecutivas del Partido Socialista y de la UGT se reunieron conjuntamente, haciéndose eco de las dieciocho detenciones cometidas en Madrid, doce en Barcelona y dos en Bilbao y de la muerte en la DGS de Tomás Centeno. En el momento en el que parecía que determinados estados democráticos (estamos, recordemos, en 1953) iban a rehabilitar internacionalmente a la España franquista, las dos organizaciones denunciaban ante la “conciencia universal” este nuevo crimen y esperaban de todos su más “encendida protesta”.
En el primer número de marzo de El Socialista se recogía esta declaración conjunta y se denunciaba lo que había ocurrido en Madrid y al régimen franquista, homenajeando a Tomás Centeno, “un hombre de ideas, sin más armas que su pensamiento, sin más fuerza coactiva que el crédito que le daba su honrada conducta”.
En el número siguiente, el del día 12 de marzo, Rodolfo Llopis denunciaba no sólo lo que había ocurrido sino cómo el régimen pretendía deshonrar a Tomás Centeno, tanto por el Estado como por la prensa. El franquismo no se había contentado con detener y encarcelar a muchos socialistas en ese invierno de 1953, ni con martirizarlos hasta el extremo de provocar la muerte de uno de ellos, sino que habían querido deshonrar su memoria. Para ello, el diario Arriba había publicado el 28 de febrero que una banda de forajidos, estafadores y falsificadores había sido detenida, y uno de sus más destacados “elementos” se había suicidado en el calabozo con el borde de uno de los flejes de acero del somier de la cama que ocupaba. Llopis afirmaba que no se había podido suicidar, sino que había fallecido por las torturas recibidas, como hemos expresado al principio de nuestro artículo.
La Internacional Socialista protestó y condenó el proceder de las autoridades españolas desde Londres y también lo hizo la Internacional de Sindicatos Libres (CIOSL) desde Bruselas. Por su parte, Massimo Masetti en La Giustizia de Roma se hizo eco de lo que había pasado en Madrid calificando el hecho, tanto si había sido asesinato como suicidio, como uno de los “últimos delictuosos sobresaltos de un régimen nefasto que se está ahogando en la vergüenza y en la podredumbre y que ninguna fuerza en el mundo, ni la plutocracia de ningún país, logrará salvar”. El boletín vasco de Información OPE calificó de sospechosa la muerte de Centeno. Por su parte, Le Populaire explicaba los detalles de la represión desencadenada contra los socialistas españoles. De la noticia también se hicieron eco el belga Le Peuple, L’Observateur de París, y Le Travail de Pau.
Una delegación de parlamentarios franceses protestó, así como los sindicalistas de dicho país, y un centenar de diputados laboristas británicos.
Muchas de estas protestas quisieron recalcar que la España franquista no podía ser rehabilitada internacionalmente por hechos como los que habían tenido lugar en Madrid.
Por fin, en Toulouse se organizó un Gran Acto Público como protesta por la represión franquista y la muerte de Tomás Centeno, el 29 de marzo, presidido por el alcalde de la localidad, Raymond Badiou, los diputados Achille Auban y Eugène Montel, y por Rodolfo Llopis, secretario general del PSOE.
Sin lugar a dudas, esta nueva desarticulación y la muerte de Centeno provocaron graves problemas a la organización socialista en el interior.
Hemos trabajado con los números 5658, 5659, 5660, 5661 y 5563 de El Socialista, entre los meses de marzo y abril de 1953.



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