Estimado lector, estimada lectora,
La teoría, en general, la conocemos. La democracia se defiende desde las instituciones y desde la ciudadanía, reforzando el Estado de derecho, la calidad de la información y la participación política cotidiana, como bien resume la Comisión Europea. Otra cosa es la práctica. Y ese es el temor en el que convergen, desde ángulos y áreas muy diversos, muchas de las opiniones publicadas en la sección en los últimos tiempos.
Hay algunos hechos alentadores, como la contundente victoria en las elecciones presidenciales portuguesas del socialdemócrata António José Seguro frente al ultra André Ventura, un impulso la estabilidad política del país tal como recoge EL PAÍS en su editorial Portugal vota contra el populismo divisivo. Otros lo son menos. Las recientes elecciones autonómicas en Aragón han confirmado el creciente peso político de Vox en la política española y el error del PP al convocar estos comicios y así lo analizaba EL PAÍS en Gana Vox, otra vez. José Luis Sastre elevaba el vuelo en su análisis de los resultados electorales y alertaba de la pasividad con la que los partidos tradicionales parecen asistir a estos cambios con un cierto sentimiento de irreversibilidad, en Sabíais que pasaría. Para Ignacio Sánchez-Cuenca la clave pasa por la profunda decepción de mucha gente con las democracias existentes, como recoge en Aquiles y la tortuga, o la carrera entre la ciencia y la democracia. Una decepción que también se alimenta con el mal funcionamiento de las instituciones, de los propios partidos o de los servicios públicos.
Aunque no sirva de consuelo, es un mal compartido. Como apuntaba Josep Ramoneda en En manos de la extrema derecha, “la impotencia de Europa ante el avance de las fuerzas reaccionarias, alentado por Trump, resulta alarmante”. O Lluís Bassets en Hegemonismo depredador, monarquía absoluta e ilustración oscura, donde analiza la regresión del orden liberal internacional hacia formas de hegemonismo autoritario.
Joan Coscubiela pone el énfasis en la importancia del lenguaje en la pugna ideológica, en Pelear por el lenguaje es pelear por la democracia. O la importancia de la música, como demostró la actuación de Bad Bunny en la Super Bowl y recoge el editorial de EL PAÍS América es Bad Bunny, sobre cómo la memorable actuación del cantante golpea al corazón de la xenofobia trumpista. |
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