La verdad es frágil, pero justo por eso es imprescindible: sin ella, el debate público se deforma y la democracia se debilita. En un entorno saturado de ruido y bulos —y de sentencias que desafían los hechos—, el trabajo de quienes verifican y contrastan —como Silvia Intxaurrondo— es un recordatorio de que el rigor exige firmeza y compromiso, incluso cuando normas destinadas a proteger la independencia informativa, como el Reglamento Europeo de Libertad de Medios, siguen sin aplicarse en España. A cincuenta años de la muerte del dictador, no siempre podemos sentir orgullo del papel de todos los medios, y esa constatación debería impulsarnos a la autocrítica. Frente a la desinformación y la polarización, defender la verdad sigue siendo la única tarea capaz de sostener un espacio público sano. Esta newsletter parte de esa convicción: en infoLibre creemos que cuidar la verdad es cuidar la democracia.
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