sábado, 18 de julio de 2009

Rescate del "SANTÍSIMA TRINIDAD"

La Universidad de Cádiz pretende reflotar los restos de uno de los buques más legendarios de la historia de la navegación española. Se trata del Santísima Trinidad, el mayor navío de línea de su época que se hundió en 1805 tras el Combate de Trafalgar, que tuvo lugar frente a las costas de Cádiz. En aquella brutal batalla de Francia y España contra Inglaterra, el país perdió -además de la hegemonía marítima y miles de vidas-, el apodado Escorial de los mares, que se fue a pique en una tormenta cuando era remolcado por los hombres de Horacio Nelson hacia Gibraltar.
El equipo de la Universidad de Cádiz responsable de este proyecto confirma que el pecio del buque se ha localizado ya frente a las costas de Barbate y se propone la tarea de sacarlo a flote, conservarlo y exponerlo en tierra, en Cádiz, la ciudad que lo vio zarpar por última vez, en un gran museo.
El salvamento de los restos del Santísima Trinidad, conllevaría dos años de trabajo divididos en tres fases. La primera consistiría en la recuperación del pecio, «localizado ya cerca del Cabo de Trafalgar» y tomaría un año entero.
Más tarde, los técnicos tendrían que tratar en Puerto Real durante dos años los restos para su conservación tras más de dos siglos sumergidos y a merced de las corrientes y el agua marina. Esta parte tomaría dos años, al igual que la construcción del edificio del museo y la preparación de todo el material didáctico para acompañar la descomunal pieza.
El Santísima Trinidad fue construído en 1769 en los astilleros de La Habana como un gigante de guerra. De todos los navíos de línea -disparaban de costado-, era el único concebido con cuatro puentes armados con una artillería de 140 cañones.
Fue el buque insignia de la flota española durante el combate, al mando de Federico Gravina. Pese a su escasa maniobrabilidad, se trataba de uno de los buques más respetados y en la lucha de astillas y pólvora de la fatidica mañana del 22 de octubre de 1805, luchó contra seis naves inglesas antes de ser desarbolado y rendirse. Los ingleses quisieron guardarlo como presa, y en ese intento lo comenzaron a remolcar rumbo al puerto de Gibraltar. Sin embargo, la fortísima tormenta que siguió a la lucha mandó a pique la nave, al parecer frente al cabo de Trafalgar. En esas inmediaciones, buzos privados encontraron hace cinco años un ancla de doce metros de longitud en madera y metal que se consideró de manera extraoficial como parte del navío. La historia completa podría salir a flote en los próximos años si las instituciones consiguen el acuerdo y los fondos suficientes, una cantidad que se presume astronómica.

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