El hormigón y el cambio climático estrangulan las playas de Andalucía, pero la solución no son más espigones
Cada temporal fuerte deja imágenes parecidas: playas sin arena y paseos marítimos descalzos por el avance del mar “de golpe”. Pero ese “golpe” visible suele apoyarse en un proceso mucho más lento: un litoral cada vez más influido por la acción humana, justo cuando el nivel del mar sube y los episodios extremos aprietan. Andalucía es un claro ejemplo de este fenómeno. En esta región conviven dos fachadas diferenciadas: Una atlántica baja y arenosa, con playas extensas y sistemas dunares bien desarrollados. Una mediterránea más abrupta, con playas más cortas (a menudo en forma de calas) que se alternan con acantilados y aportes sedimentarios torrenciales y discontinuos. Dicho de forma simple: el Atlántico suele disponer de más arena y más espacio; el Mediterráneo, de menos sedimento y menor margen para absorber cambios. Erosión costera: ni desastre ni excepción Las playas son un sistema altamente dinámico: buscan continuamente un equilibrio constante entre su morfología, los materi...