La ‘UCO patriótica’: indicios de un doble rasero en la persecución de la corrupción
Acusaciones de sesgo selectivo y lentitud en investigaciones contra el PP disparan el debate sobre el uso político de la UCO y la necesidad de transparencia
PACO ÁLVAREZ
Agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. EP.
Durante los últimos dos años, la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil (UCO) se ha situado en el centro de una controversia política de primer orden. No por una causa concreta, sino por un patrón que distintos actores - defensas, fiscales, medios y responsables políticos - describen como un celo extraordinario cuando las investigaciones rozan al entorno del Gobierno y, en paralelo, una llamativa lentitud o acotación excesiva en causas que afectan al Partido Popular o a figuras de su órbita. El caso Montoro y la constatación por parte de Anticorrupción de que la UCO dispuso de dos años y sólo investigó 10 de las 200 cuentas corrientes de la trama sin detectar el gigantesco fraude que hoy la Fiscalía tiene sobre la mesa da la razón a quienes piden una investigación inmediata de lo que califican de “UCO patriótica” bajo el mandato del Teniente Coronel Balas.
No se trata de una acusación penal cerrada - no la hay -, sino de una acumulación de indicios que alimentan la idea de una “UCO patriótica”, por analogía con la conocida policía patriótica que operó en etapas anteriores del PP bajo la dirección, presuntamente, del ex ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, con fines políticos y que acabó judicializada. Aquí el debate no es si la UCO “inventa” delitos, sino si selecciona, acelera, dilata o interpreta con un sesgo sistemático según a quién afecte la investigación.
Celo máximo contra el entorno del Gobierno
El caso Koldo/Ábalos es paradigmático. La UCO ha desplegado una actividad intensiva: informes reiterados, ampliaciones, filtraciones a medios y una exposición pública constante de diligencias aún en fase de instrucción. En este marco, las defensas han cuestionado presuntamente la integridad de determinados soportes: por ejemplo, grabaciones atribuidas al presunto confidente Koldo García que, según las periciales practicadas, presentarían metadatos de edición con versiones de iOS inexistentes en la fecha supuesta de grabación. No hay una resolución judicial que declare manipulación; sí hay, en cambio, una controversia técnica no despejada que debería resolverse con nuevas periciales exhaustivas antes de elevar conclusiones incriminatorias.
Otro episodio ilustrativo es el préstamo (que no rescate) de Air Europa. En autos consta que Víctor de Aldama - persona investigada - manifestó en grabaciones que Begoña Gómez no tuvo intervención alguna en la operación, hasta ahora rentable, de la SEPI. Sin embargo, esas manifestaciones exculpatorias no fueron ponderadas con el mismo énfasis que otras piezas incriminatorias en informes iniciales, según han denunciado las defensas. De nuevo: no es una sentencia, pero sí una asimetría en la selección y jerarquización de indicios que llama la atención.
Dilaciones y acotaciones cuando el foco apunta al PP
El contraste aparece con nitidez en causas que afectan al PP. En el caso Montoro / Equipo Económico, la fiscal del procedimiento ha denunciado públicamente que, tras dos años de investigación, solo se analizaron 10 de las cerca de 200 cuentas vinculadas a la trama, pese a que las cifras presuntamente defraudadas al contribuyente superaban los 35 millones de euros. La crítica no es menor: investigar un 5% del perímetro financiero en una causa de esa magnitud reduce drásticamente la capacidad de acreditar responsabilidades.
Otro ejemplo es el caso del novio de Isabel Díaz Ayuso. El juez instructor solicitó un informe a la UCO que se ha demorado durante meses sin que, a día de hoy, más de 200 días después, haya cristalizado en un documento concluyente. No es ilegal; sí es excepcional si se compara con la rapidez y la densidad documental desplegadas en investigaciones contra el entorno del Gobierno.
Un patrón que recuerda a la “policía patriótica”
La comparación con la policía patriótica no es retórica. Aquella operó seleccionando objetivos y filtrando materiales con fines políticos, además de manipular pruebas o, directamente, crear pruebas falsas contra Podemos o las fuerzas independentistas. Aquí, no hay una condena que acredite una estructura ilegal, pero sí un conjunto de señales: prioridades selectivas, filtraciones estratégicas, periciales discutidas y dilataciones asimétricas. La pregunta política es inevitable: ¿por qué unas causas avanzan a velocidad de crucero y otras se eternizan?
A este contexto se suma un dato institucional relevante: el ex jefe de la UCO ocupa hoy un alto cargo directivo en Acciona, una de las grandes compañías recurrentemente citadas en investigaciones y debates públicos sobre contratación. No es una prueba de nada, pero sí un elemento que, en términos de apariencia y confianza institucional, exige máximos estándares de transparencia.
¿Asuntos Internos? Silencio y opacidad
Diversos medios han informado de indagaciones internas para rastrear filtraciones desde la UCO o investigar en el sentido de su sesgo político. Sin embargo, no se ha conocido el resultado de esas investigaciones de Asuntos Internos que analizara de manera integral la posible selección sesgada de indicios o la gestión de periciales controvertidas. La ausencia de una auditoría independiente alimenta la percepción de corporativismo en un momento en que la confianza pública es frágil, y el prestigio de la Guardia Civil puede estar en cuestión.
El problema no es judicial, es democrático
La crítica a la UCO no cuestiona su existencia ni su función. Cuestiona un presunto patrón: excesivo celo cuando el investigado es el Gobierno de Pedro Sánchez y dilación o acotación cuando el foco se desplaza al PP. En democracia, la igualdad ante la ley no solo debe existir; debe parecerlo.
Hoy, la percepción extendida es que no todos los indicios pesan igual, no todas las periciales se examinan con el mismo rigor y no todos los plazos corren al mismo ritmo. Mientras esa percepción no se despeje con transparencia, controles internos y auditorías externas, la sombra de una “UCO patriótica” seguirá planeando sobre una institución que, paradójicamente, necesita credibilidad absoluta para cumplir su misión.
Nota editorial: Este artículo expone indicios, denuncias públicas y asimetrías observables, usando lenguaje condicional y respetando la presunción de inocencia. La exigencia es política e institucional: igualdad de trato, rigor pericial y tiempos razonables, gobierne quien gobierne.
¿Cómo salvar la democracia frente a partidos que la cuestionan?
Cuando los extremistas se postulan como serios contrincantes electorales
-el caso de VOX es claro-, los partidos generalistas
deben forjar un frente común para derrotarlos.
Santiago Abascal en el Congreso de los Diputados.
Decía el conde Romanones: “De joven hay que leer mucho; en la madurez, lo bastante; de viejo, poco, ya que aprovecha mucho más rumiar las lecturas pasadas, reflexionarlas, analizarlas y contrapesarlas”. Es lo que voy hacer como viejo, recurrir de nuevo a dos libros: de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, Cómo mueren las democracias (2018); y de Juan Linz, La quiebra de las democracias (1978). Ambos los he leído y utilizado en ocasiones anteriores, pero hoy, tal como está la situación política española, son de acuciante actualidad.
Acabamos de ver cómo VOX ha duplicado el número de escaños, de 7 ha pasado a 14, en las elecciones autonómicas de la Comunidad de Aragón. Próximamente, habrá elecciones en Castilla-León y después en Andalucía. Según todos los sondeos el apoyo electoral a la extrema derecha va a ir a más. Por ello, me parecen oportunas las siguientes reflexiones.
La historia nos enseña que las democracias mueren por medio de golpes militares. Durante la Guerra Fría, las de Chile, Argentina, Brasil, Ghana, Grecia, Guatemala, Nigeria, Pakistán, Perú, Tailandia, Turquía y Uruguay así terminaron. Mas, hay otros modos para derribar una democracia, menos cruentos, pero igual de expeditivos. Pueden morir a manos de líderes electos, que subvierten el proceso mismo que les llevó al poder.
Para la gran mayoría el deterioro de la democracia es imperceptible
Algunos lo hicieron de una vez, como Hitler al incendiar el Reichstag en 1933. Pero lo más frecuente es que las democracias se deterioren lentamente. Con un golpe de Estado clásico, como en el Chile de Pinochet, la muerte de la democracia es inmediata y visible. El presidente, asesinado, y la constitución, suspendida. Por la vía electoral no ocurre nada de esto. No hay tanques en las calles. La constitución e instituciones democráticas siguen vigentes. La población sigue votando. Sin embargo, los autócratas electos, como Trump, Erdogan, Orban, Putin, Modi, Duterte, Bolsonaro, MIlei... mantienen en apariencia la democracia, pero la van eviscerando. Muchas de las medidas que pervierten la democracia son “legales”, al ser aprobadas por el poder legislativo y los tribunales. Incluso, las presentan para mejorar la democracia, asegurar la independencia del poder judicial, combatir la corrupción o perfeccionar las elecciones. La prensa sigue publicando, pero está comprada o, presionada, se autocensura. Los ciudadanos critican al gobierno. La población no se apercibe de lo que ocurre y cree disfrutar de democracia. Como no hay un hecho puntual, ni un golpe ni una ley marcial en el que el régimen cruce las líneas rojas para convertirse en dictadura, no aparecen las alarmas entre la población. Quienes advierten los abusos son acusados de alarmistas. Para la gran mayoría el deterioro de la democracia es imperceptible.
Ante este peligro, las democracias deben establecer mecanismos para evitar la llegada al poder de personas autoritarias que puedan destruirla. Es importante la reacción de la sociedad, pero la respuesta más importante debe surgir de las élites políticas y, sobre todo, de los partidos políticos para que actúen de filtro. También en esta salvaguarda de la democracia deben implicarse los medios de comunicación.
Los partidos políticos son o deberían ser los principales guardianes de la democracia. Pero, no es fácil reconocer a esos políticos autoritarios, porque estos camuflan sus intenciones y se presentan como perfectos demócratas. Viktor Orban se inició como demócrata liberal y en su primer mandato entre 1998-2002 gobernó democráticamente. Su cambio autocrático fue por sorpresa en el 2010.
¿Cómo identificar a los políticos autoritarios? Steven Levitsky y Daniel Ziblatt en su libro antes citado, Cómo mueren las democracias (2018), tomando como referencia el libro de Juan Linz, publicado en 1978, La quiebra de las democracias, han establecido cuatro señales de aviso de comportamientos para identificar a una persona autoritaria. Expondré esas cuatro señales, y los comportamientos autoritarios de determinados partidos políticos en España.
1) Rechazo o débil aceptación, con palabras o acciones, de las reglas del juego democrático (suspender la constitución, prohibir algunos partidos políticos, restringir los derechos políticos o civiles...). VOX es un partido que ha señalado sin problema alguno su intención de prohibir partidos independentistas, acabar con el Estado de las Autonomías, como también determinados derechos: la libertad de expresión… Un destacado dirigente de VOX ha dicho: “Habrá que entrar en TVE con un lanza llamas o con una bomba atómica”. El concejal de Cultura del Ayuntamiento de Burriana (Castellón), Jesús Albiol, perteneciente a VOX, implementó medidas para cancelar suscripciones y retirar publicaciones en catalán de la biblioteca municipal, argumentando que promovían el "separatismo catalán" y el "pancatalanismo". Albiol anunció la anulación de las suscripciones a cinco revistas en catalán, incluyendo publicaciones infantiles como Cavall Fort y Camacuc, además de otras como El Temps, Sàpiens y Llengua Nacional. Así como la retirada de Libros LGTBI. Posteriormente, el mismo concejal ordenó retirar libros de temática LGTBI de la sección juvenil de la biblioteca, clasificándolos como material no adecuado para menores.
2) Rechazo de la legitimidad de sus oponentes (calificarlos como subversivos o una amenaza para la democracia, y por ello negarles su participación política, e incluso declararlos ilegítimos tras unas elecciones plenamente democráticas...). No creo sea necesario señalar, todos lo hemos podido contemplar que para VOX, aunque también, para el PP, el gobierno de Sánchez es ilegítimo. En un mitin de Alberto Núñez Feijóo, de 31/08/2024 dijo: “Nosotros ganamos las elecciones en las urnas, pero ellos recurrieron a engaños continuos, a cambios tramposos de las reglas y a la compra de voluntades”. Es decir, es un gobierno ilegítimo. Además de “traidor", "indigno”, “criminal”, “dictador”. Abascal ha afirmado: “Sánchez preside el peor gobierno que ha tenido este país en 80 años”. Es decir, peor que la dictadura de Franco. Alberto Núñez Feijóo ha calificado repetidamente al gobierno de Pedro Sánchez como un “peligro para la democracia”. La deslegitimación de un gobierno surgido de las urnas es clara, es no aceptar las reglas de la democracia.
3) Tolerancia o fomento de la violencia. (Tener lazos con bandas armadas, apoyar la violencia de sus partidarios, elogiar actos violentos, tanto pasados, como ocurridos en otros lugares...). Hemos visto cómo cientos de personas se manifestaron violentamente en Madrid en una marcha convocada por VOX hasta la sede del PSOE en Ferraz para pedir la salida del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y en la que algunos asistentes entonaron el 'Cara al sol' con un brazo en alto y portaron banderas franquistas. El líder de Vox, Santiago Abascal estuvo presente. Igualmente se apaleó un muñeco de Pedro Sánchez. El diputado de Vox por Toledo, Manuel Mariscal, afirmó en el Congreso de los Diputados (en noviembre de 2024) que el régimen franquista fue una "época de progreso" y reconciliación. Y por supuesto, las muestras de violencia verbal hacia Sánchez por parte de VOX y PP han sido constantes.
4) Predisposición a restringir las libertades civiles de la oposición, incluidos los medios de comunicación (apoyar leyes para limitar el derecho de manifestación, críticas al Gobierno o elogiar medidas represivas de otros gobiernos...). Sobre esta cuarta señal, en parte ya he comentado en la primera las propuestas de VOX de restricción de las libertades de expresión, de manifestación… Y también por parte de VOX no condenar medidas violentas del gobierno de Netanyahu en Gaza, o la actuación de la ICE en Estados Unidos contra la inmigración.
El PP no ha aislado a VOX, lo ha legitimado
Un político que cumpliera una de estas cuatro señales de aviso de estos comportamientos serviría para ser identificado como una persona autoritaria. Mas, mantener a los políticos autoritarios al margen del poder es más fácil decirlo que hacerlo. Las democracias no ilegalizan partidos ni candidatos. La responsabilidad principal de cribado es obra de los partidos políticos y sus líderes. Los partidos democráticos para ese distanciamiento pueden hacerlo de diferentes maneras. Mantener a los líderes en potencia autoritarios fuera de las listas electorales, aunque esto les suponga pérdida de votos. Escardar de raíz a los extremistas que están en sus filas. Eludir toda alianza con partidos y candidatos antidemocráticos, ya que en ocasiones los partidos democráticos se sienten tentados de alinearse con extremistas de su flanco ideológico para ganar votos. Ya se han producido alianzas de gobierno del PP con VOX en comunidades autónomas y ayuntamientos. Adoptar medidas para aislar sistemáticamente a los extremistas, en lugar de legitimarlos. El PP no ha aislado a VOX, lo ha legitimado. En los años 30 los políticos conservadores alemanes participando en mítines conjuntos con Hitler, también lo legitimaron. Por último, cuando los extremistas se presentan como serios contrincantes electorales, los partidos democráticos deben hacer un frente común para derrotarlos, aparcar sus diferencias ideológicas y así salvar la democracia. Más adelante sobre ese frente común me extenderé.
En circunstancias excepcionales los líderes políticos de verdad ponen la democracia y al país por delante de sus partidos. Como aconteció en Bélgica y Finlandia en los años 20 y 30, donde sus líderes políticos se unieron y salvaron la democracia, al menos hasta la invasión nazi.
Parece evidente que hay suficientes señales de aviso de comportamientos para identificar a una persona autoritaria, que pueden poner en peligro la democracia en España, como he mostrado antes.
En la defensa de la democracia deberían implicarse también de lleno los medios de comunicación en su conjunto. Y ocurre todo lo contrario, el protagonismo creciente de Vox, así como a su normalización han contribuido extraordinariamente también los medios, tanto digitales como tradicionales. Lo explican muy bien Ana Mancera Rueda y Paz Villar-Hernández, profesoras de la Universidad de Valencia, en su artículo Análisis de las estrategias de encuadre discursivo en la cobertura electoral sobre Vox en los titulares de la prensa española (2020). Nos dicen que varios estudios han señalado la especial presencia que VOX adquirió en la prensa española tras el mitin del 7 de octubre de 2018, en el Palacio de Vistalegre, en Madrid; una presencia que podría considerarse como injustificada si nos atenemos a su representatividad electoral hasta ese momento y si esos datos se comparan con los de otros partidos con similar porcentaje de votos en los anteriores comicios; así la presencia mediática que adquirió desde ese momento, solo era comparable con las grandes formaciones políticas. Además en el artículo hacen un análisis de 413 titulares que encabezaron los textos informativos de ocho diarios españoles, durante la cobertura electoral sobre VOX, en el transcurso de los comicios generales celebrados en España en abril de 2019. Los medios son: ABC, El Confidencial, El Español, Ok Diario, El Mundo, El País, La Vanguardia y El Diario. Los medios que ofrecieron una mayor cobertura electoral fueron OK Diario y El Español, dos medios digitales. Las referencias a VOX fueron constantes en medios con diferentes sensibilidades políticas –bien a la izquierda o a la derecha del espectro político–,a la hora de informar sobre temas vinculados con los propios comicios electorales–; es decir que, pese a su escasa representación política en esos momentos, logró una considerable visibilidad en los diarios a lo largo de todo el período analizado. Pueden servir de muestra algunos titulares de OK Diario (20-4-2019) “Llenazo de Santiago Abascal en Albacete”: “Vox no llama a la izquierda o a la derecha, llama a la España entera”. El País (12-4-2019) “Abascal lanza desde Covadonga su cruzada contra separatistas y “progres”. El Confidencial (15-4-2019) “La felicitación más cariñosa y personal a Santiago Abascal por su 43 cumpleaños”, por parte de su esposa”. Fuera de este trabajo de Ana Mancera y Paz Villar, podemos constatar que, en otros medios, especialmente en grandes periódicos, cadenas de radio y de televisión, VOX ha recibido y sigue recibiendo una excesiva atención mediática, que ha contribuido a su lanzamiento y crecimiento político. Las entrevistas de Ana Rosa Quintana en Telecinco, que han sido realmente empalagosas, pueden servir de paradigma. Pero es lo mismo con Susana Griso o Carlos Herrera, el del lenguaje comedido. Y el tratamiento mediático a VOX sigue siendo excesivo y además de normalizarlo.
Pero también la defensa de la democracia es deber de la sociedad en su conjunto. A tal efecto me parece muy pertinente el libro Sobre la tiranía. Veinte lecciones que aprender del siglo de Timothy Snyder y en concreto a una de sus veinte lecciones: la décima, titulada ‘Cree en la verdad’. Sus reflexiones nos ayudan a entender muchas de las cosas que nos están ocurriendo y los peligros futuros que nos acechan como consecuencia de nuestra renuncia a la verdad.
Si nada es verdad, todo es espectáculo. No deberíamos olvidar que la posverdad, la mentira, es la antesala del fascismo. Y tener claro que nos sometemos a la tiranía al renunciar a la diferencia entre lo que queremos oír y lo que oímos realmente. Hoy a muchos ciudadanos la verdad les resulta irrelevante.
El ciudadano consciente de lo que está pasando ha de implicarse en cada elección, votar siempre
Que alguien mienta de una manera descarada, al decir: “ETA existe”,“Que España está sometida a una dictadura”, “Que la delincuencia se ha disparado por la llegada de inmigrantes”, “Que el cambio climático no existe”. Todas estas falsedades a muchos ciudadanos no solo no les importan, todavía más, es que a quienes las emiten les votan cada vez más en las urnas. Es decir, que el mentir es rentable electoralmente. Es una demostración del nivel de degradación alcanzado en nuestra sociedad y en nuestra política.
El ciudadano consciente de lo que está pasando ha de implicarse en cada elección, votar siempre. Y tener claro qué partidos defienden la democracia y qué partidos quieren erradicarla. En un aviso a navegantes, hay que ser precavidos. “El protagonista de una novela de David Lodge dice que uno no sabe, cuando está haciendo el amor por última vez, que está haciendo el amor por última vez. Pues con el voto pasa lo mismo”. Algunos alemanes que votaron al partido nazi en 1932 sin duda eran conscientes que podrían ser las últimas elecciones libres durante algún tiempo, pero la mayoría no lo sabía. Como decía Víctor Klemperer: “No somos más sabios que los europeos que vieron cómo la democracia daba paso al fascismo, al nazismo o al comunismo durante el siglo XX”.
Cabe pensar que los miembros de la ejecutiva del PP serán plenamente conscientes de que el gran crecimiento, y de momento irrefrenable, de VOX se está produciendo sobre todo a su costa, como consecuencia de una inacabable claudicación ante las exigencias programáticas de VOX, tal como estamos observando en estos procesos de negociación, para formar gobiernos en Extremadura y Aragón. Por ello, me parece muy oportuno dedicarles a los dirigentes del PP la fábula “El caballo, el ciervo y el cazador» de Esopo, un escritor de fábulas, chistes y aforismos de la Antigua Grecia en el siglo VI a. C., cuyas obras fueron compiladas por primera vez durante la época clásica y traducidas y preservadas en eras posteriores. El mensaje es muy claro.
“Un caballo decidió vengarse de cierto venado que lo había ofendido y emprendió la persecución de su enemigo. Pronto se dio cuenta de que solo no podría alcanzarlo y, entonces, pidió ayuda a un cazador. El cazador accedió, pero le dijo: “Si deseas dar caza al ciervo debes permitirme colocarte este hierro entre las mandíbulas, para poderte guiar con estas riendas, y dejar que te coloque una silla sobre el lomo para poderte cabalgar estable mientras perseguimos al enemigo”.
El caballo accedió a las condiciones y el cazador se apresuró a ensillarlo y embridarlo. Luego, con la ayuda del cazador, el caballo no tardó en vencer al ciervo. Entonces le dijo al cazador: “Ahora apéate de mí y quítame estos arreos del hocico y el lomo”.
“No tan rápido, amigo —respondió el cazador—. Ahora te tengo tomado por la brida y las espuelas y prefiero quedarme contigo como regalo”.
Por otra parte el PP debería mirar por el retrovisor de la historia. Las experiencias italiana y alemana, en el periodo de entreguerras, ejemplifican el tipo de «alianza fatídica» que con frecuencia eleva a figuras autoritarias al poder. El rey Víctor Manuel III vio en Mussolini a una estrella política en ascenso y un instrumento para neutralizar el malestar social. Restaurado el orden político con el nombramiento de Mussolini y el socialismo en retroceso, el mercado bursátil italiano se disparó por las nubes. Viejos estadistas de la élite liberal, como Giovanni Giolitti y Antonio Salandra, se hallaron aplaudiendo aquel giro de los acontecimientos. Veían en Mussolini a un aliado útil. En la Alemania de los años 30, convencidos de que «algo tenía que acabar funcionando», un contubernio de adversarios políticos conservadores se reunió a finales de enero de 1933 y llegó a una solución: había que colocar a la cabeza del Gobierno a un candidato independiente y popular. Lo despreciaban, pero sabían que al menos contaba con el apoyo de las masas. Y, sobre todo, creían que podían controlarlo. El 30 de enero de 1933, Von Papen, uno de los principales ideólogos del plan, quitó hierro a la inquietud que generaba la apuesta de convertir a Adolf Hitler en canciller de una Alemania asolada por la crisis con las siguientes palabras tranquilizadoras: “Lo tenemos de nuestro lado. Dentro de dos meses tendremos a Hitler acogotado en un rincón”. Cuesta imaginar unos errores de cálculo más colosales. Sin embargo, tal como el caballo de la fábula de Esopo, Italia y Alemania no tardaron en encontrarse tomadas “por la brida y las espuelas”.
El PP debería mirar por el retrovisor de la historia. Las experiencias italiana y alemana, en el periodo de entreguerras, ejemplifican el tipo de 'alianza fatídica' que con frecuencia eleva a figuras autoritarias al poder
En cualquier democracia, los políticos afrontarán en algún momento arduos desafíos como los descritos en la Italia y Alemania de entreguerras. La crisis económica, el descontento público creciente y el declive electoral de los principales partidos políticos pueden hacer que incluso los entendidos más experimentados cometan errores de juicio. Si aparece en escena un desconocido carismático y consigue popularidad desafiando al viejo orden establecido, los políticos del poder establecido sentirán tentaciones de incorporarlo a sus filas, o aliarse con él, si tienen la sensación de estar perdiendo el control. Y si alguien de dentro del sistema rompe filas para acoger al recién llegado antes de que lo hagan sus adversarios, podrá utilizar la energía y la base de éste para superar tácticamente a sus pares. En tal caso, los políticos de la clase dirigente esperan poder encauzar también al advenedizo para que apoye sus programas. Este tipo de pacto con el diablo suele mutar en beneficio del advenedizo, pues las alianzas otorgan a los recién llegados respetabilidad suficiente para convertirse en aspirantes legítimos al poder.
Por último, cuando los extremistas se postulan como serios contrincantes electorales -el caso de VOX es claro-, los partidos generalistas deben forjar un frente común para derrotarlos. Por citar a Linz, deben mostrar su “voluntad de unirse a grupos ideológicamente distantes pero comprometidos a salvar el orden político democrático”. En circunstancias normales, esto es prácticamente inconcebible. Imaginemos, por ejemplo, al senador Edward Kennedy y otros demócratas liberales haciendo campaña en favor de Ronald Reagan o al Partido Laborista británico y sus sindicatos aliados dando su apoyo a Margaret Thatcher. Los votantes de cada partido enfurecerían ante tal traición aparente a los principios. Pero, en circunstancias excepcionales, un liderazgo valiente comporta poner la democracia y al país por delante del partido y explicar al electorado lo que está en juego. Cuando un partido o un político, que da positivo en nuestra prueba decisiva, emerge como una amenaza electoral seria, no quedan demasiadas alternativas. Un frente democrático unido puede impedir que un extremista acceda al poder, cosa que, a su vez, puede comportar salvar la democracia. Las palabras se Steven Levitski y Daniel Ziblatt no deberían caer en saco roto y tenerlas en cuenta los dos grandes partidos españoles, PP y PSOE. ¿La situación política actual en España es excepcional? ¿Corre serios peligros nuestra democracia? En las mismas preguntas están implícitas las respuestas. Entiendo que hoy ponerse de acuerdo el PP y el PSOE es complicado. Por parte de los socialistas, es tarea problemática porque el PP ha dirigido auténticas monstruosidades y truculentos insultos a Pedro Sánchez como: “Que te vote Txapote”, “Me gusta la fruta”, “Pero de qué prostíbulos ha vivido usted”. Y en la sesión reciente de control en el Congreso de los Diputados, Tellado ha dicho dirigiéndose a Marlaska: “Señor Marlaska, da náuseas verlo sentado ahí”. A pesar de estos ataques brutales a Sánchez estoy convencido que desde el PSOE sería más factible un pacto con el PP para salvar la democracia, ya que los socialistas han mostrado en diferentes ocasiones auténtico sentido de Estado, como la aprobación del artículo 155 de la Constitución para hacer frente a la declaración de independencia en Cataluña en 2017. Tengo mis serias dudas que desde el PP sean partidarios de ese pacto. Primero, porque a Sánchez lo han deslegitimado, lo han estigmatizado, lo han deshumanizado, cual si fuera un monstruo, por lo que no lo consideran un adversario, sino un enemigo a destruir. Y también porque tampoco se siente especialmente molesto, es más se siente cómodo en pactar con VOX. Ya lo ha hecho en diferentes instituciones. Y esos pactos no los ha roto el PP, sino VOX. No obstante, en Génova deberían leer y reflexionar la fábula de Esopo antes citada. La advertencia es muy clara, señor Feijóo. Y además está tendencia de absorber la extrema derecha a la derecha tradicional parece una tendencia a nivel global. En las próximas elecciones locales de mayo que el partido de Nigel Farage en el Reino Unido absorba buena parte del partido tory, no resulta descabellado. Y si el partido tory cae, no hay nada en este mundo que no podamos ver venirse abajo. Atentos, todavía estamos a tiempo.
La izquierda debe ya hacer frente al tecnofeudalismo
/ Ilustración de MIKEL JASO
El totalitarismo creciente tiene dentro una fuerza tecnológica que, gracias al apoyo de Donald Trump, ha alcanzado su pico de influencia en nuestras vidas. La izquierda no debe posponer hacerle frente, o será demasiado tarde. En 2022 la Unión Europea empezó a dar algunos pasos para frenar la falta de transparencia de los algoritmos y a proteger a los menores. Varios países europeos están en esta senda: España, Reino Unido, Francia, Grecia, Portugal, Italia, Dinamarca o Austria. Como le dice el sociólogo asturiano César Rendueles a MI compañero Jaime Rubio Hancock, autor de este texto, si Europa no quiere ser vasalla del imperio estadounidense antidemocrático, tenemos que empezar a hacer efectiva la resistencia.