lunes, 27 de abril de 2026

El papel de las cajas de ahorro como motor del desarrollo social y cultural en España

 



Durante décadas, las cajas de ahorros fueron uno de los mayores inversores privados en bienestar colectivo de España. Dado que jurídicamente no eran bancos tradicionales sino fundaciones privadas de interés público, no tenían accionistas entre los que repartir dividendos. Pero sí estaban obligadas a revertir una parte de sus beneficios en la sociedad. En concreto, la normativa exigía destinar entre un 25 y un 50 % de sus ganancias a fines sociales o benéficos. Esa dimensión social es lo que se conoció como la obra social.

Cuatro áreas de participación

Según los datos contenidos en las memorias anuales de la Confederación Española de Cajas de Ahorros (2004-2024), las inversiones en obra social de las cajas de ahorro se distribuían en cuatro áreas:

  • Cultura y ocio.

  • Asistencia social y sanitaria.

  • Educación e investigación.

  • Conservación del patrimonio histórico y natural.

Hasta justo antes del inicio de la Gran Recesión (2008-2014) España atravesaba una fase de fuerte crecimiento económico, impulsado sobre todo por el ladrillo (construcción y transacciones inmobiliarias). En ese momento, el producto interior bruto crecía a una tasa media cercana al 3,5 % anual, según estimaciones del Banco de España. El crédito fluía con facilidad, el mercado inmobiliario estaba en auge y, por consiguiente, las cajas también obtenían beneficios elevados. Esta situación también se trasladó a su obra social.

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De hecho, ese mismo año 2008 se alcanzó un máximo histórico: 2 058 millones de euros invertidos en acción social. Esa cifra superaba el presupuesto anual destinado a fines culturales de muchas comunidades autónomas. Se destinaron a asistencia social y sanitaria 781 millones, a cultura y tiempo libre 729 millones, a educación e investigación 326 y a patrimonio histórico y natural 221.

No eran partidas simbólicas: en algunos ámbitos, especialmente en cultura, la inversión de la obra social de las cajas llegó a igualar, o incluso superar, el esfuerzo de las administraciones públicas. Así, las cajas se consolidaron como uno de los principales financiadores de estas actividades, con una inversión comparable a la de la Administración General del Estado. En esos mismos años también tuvieron una participación considerable en la financiación de proyectos medioambientales.

Cambio de prioridades

No obstante, con el paso del tiempo las inversiones fueron cambiando. Si a comienzos de los 2000 casi la mitad de la obra social se destinaba a cultura, tras el estallido de la crisis financiera, la prioridad cambió. En 2010, la asistencia social y sanitaria concentraba ya el 45,6 % del total, mientras que las partidas destinadas a cultura habían descendido a algo más del 30 %.

La explicación es clara: el aumento del desempleo, que llegó a superar el 20 %, y el incremento de las necesidades sociales obligaron a reorientar los recursos hacia los colectivos más vulnerables, como personas dependientes o familias sin ingresos. Las cajas actuaron como un amortiguador social en un momento económico y social especialmente delicado.

Evolución del paro en España entre 2005 y 2025. Fuente: INEAuthor provided (no reuse)

Pero la crisis financiera también marcó un punto de inflexión. Entre 2008 y 2010 la inversión en obra social cayó casi un 29 %, pasando de 2 058 a 1 462 millones de euros. Con el estallido de la burbuja inmobiliaria, las cajas sufrieron la falta de crédito. Las nuevas exigencias regulatorias impuestas por las autoridades monetarias las obligaron a destinar una parte de sus beneficios a reforzar su solvencia, reduciendo el margen disponible para obra social.

Adiós a las cajas

La crisis de 2008 mostró las debilidades del modelo de cajas de ahorro: la gobernanza estaba sometida a influencias políticas, la exposición al ciclo inmobiliario fue excesiva y la financiación de la obra social dependía directamente de la obtención de beneficios bancarios. Así, cuando el negocio se deterioró también lo hizo la capacidad de inversión social de esas entidades.

Todo este proceso culminó en una profunda reestructuración del sistema financiero español. Tras la aprobación del Real Decreto Ley 11/2010 y la Ley 26/2013, la mayoría de las cajas se transformaron en bancos o en fundaciones bancarias. España pasó de tener 45 cajas en 2009 a solo dos con su forma jurídica original en 2024: Caixa Ontinyent y Caixa Pollença. El negocio financiero de las antiguas cajas quedó en manos de los nuevos bancos comerciales (Caixabank, Unicaja, Kutxabank, Ibercaja y Abanca), mientras que la obra social se canalizó a través de sus fundaciones.

Puede pensarse que la desaparición del modelo tradicional de cajas de ahorro diluyó la inversión social. Sin embargo, los datos muestran que, entre 2014 y 2024, las fundaciones heredadas del antiguo sistema han mantenido un elevado nivel de inversión, acumulando más de 8 700 millones de euros.

De hecho, finalizada la crisis financiera, la inversión anual de las cajas en su obra social ha ido subiendo: 709,9 millones de euros en 2014, 845,6 millones en 2019 y 906,1 en 2024, el nivel más alto de la última década.

Banca y bienestar colectivo

Durante décadas, las cajas reinvirtieron sus beneficios en los territorios en los que operaban. Esta inversión formaba parte de su modelo institucional y no era incompatible con la solvencia, contribuyendo además a reforzar su reputación y su arraigo local.

Ahora, las fundaciones bancarias operan bajo el paraguas de los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG). La gran diferencia es que la obra social ya no forma parte estructural del modelo bancario, sino que depende de la obtención de dividendos y de las decisiones estratégicas de las entidades.

Entender este proceso resulta clave para el debate actual sobre la sostenibilidad, la responsabilidad corporativa y la cohesión social. Porque, más allá de balances y ratios de capital, la pregunta es: ¿qué papel debe jugar la banca en el bienestar colectivo?

¿Debería haber más horas de recreo? Depende de la infancia que queramos

 


La ampliación del tiempo de patio de 30 a 40 minutos en una escuela de Barcelona ha reabierto un debate recurrente: ¿hace falta más tiempo de juego en la escuela? Algunos maestros y familias lo piden, mientras otros se preguntan si esto perjudicará al aprendizaje.

Pero quizá la pregunta esté mal planteada. En primaria, el recreo no es una pausa fuera del aprendizaje. Por ejemplo, en España es, por normativa y concepción pedagógica, tiempo lectivo en muchas de las comunidades autónomas: Cataluña, Valencia, Castilla-La Mancha, Andalucía o La Rioja. En otras como Madrid, Aragón o Canarias no se considera docencia directa pero los docentes sí tienen la obligación de estar.

Así pues, en la mayoría de regiones españolas y en la etapa de primaria (entre los 6 y los 12 años), el tiempo de patio forma parte de las cinco horas lectivas diarias, porque durante el recreo se desarrolla también la educación con objetivos determinados: socializar, regularse, negociar, imaginar, construir vínculos y aprender a convivir.

Pero es que además, al implicar la presencia directa del adulto, ampliar el recreo no supone reducir el aprendizaje, sino priorizar un tipo determinado de aprendizaje.


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El patio, espacio educativo: más que movimiento

El debate se reduce a menudo a la necesidad de moverse. Sin duda, el movimiento es clave, especialmente en una infancia cada vez más sedentaria. Pero el recreo no puede convertirse sólo en una descarga corporal. Cuando el juego queda limitado al cuerpo y al movimiento, sin objetos, sin materiales y sin mediación, a menudo aparecen más conflictos, especialmente con los alumnos más vulnerables.

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El juego libre necesita espacios regulados, no para dirigirlo, sino para hacerlo posible. Un patio educativo debería incluir espacios y momentos que favorezcan el juego simbólico en edades tempranas, pero también el juego con objetos (como pelotas, pequeñas bicicletas, combas, cuerdas de saltar…), espacios tranquilos o zonas de conversación, rincones que permitan la construcción o manipulación de arena, actividades que dejen que los alumnos puedan crear, y también, está claro, movimiento físico.


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Es importante tener presente que cuando hablamos de juego libre y espontáneo no queremos decir que no esté organizado. Es una organización que permite la libertad: zonas donde se permiten determinados tipos de juegos, rotación entre diferentes espacios del patio de la escuela, diferentes elementos para poder escoger para jugar, etc. El niño elige entre alternativas o circula entre diferentes propuestas organizadas según el día de la semana, por ejemplo.

Cuando ofrecemos espacio para correr sin más, el juego se reduce y pueden aparecer los conflictos que nos preocupan de los recreos; pero cuando existen materiales, adultos presentes, relaciones y posibilidades, el juego se expande.


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El déficit actual: juego y cuentos

El patio escolar, y el tiempo dedicado al recreo, nos permite reforzar el desarrollo emocional, social y cognitivo con alternativas válidas a las pantallas, que contribuyan a desarrollar habilidades cognitivas como la concentración y la imaginación.

Así, la cuestión de fondo no es tanto el cuántas horas pasan los niños en el patio cada semana, sino el tipo de actividades que deberían formar parte de la cotidianidad escolar, haya o no ampliación del recreo: el juego, el teatro y la lectura de cuentos.

Estas tres actividades comparten una función fundamental: activar la función simbólica. A través del juego, el niño representa la realidad; a través del teatro, la dramatiza, y a través del cuento, la imagina: las tres actividades potencian el crecimiento, ayudan en la comprensión de las emociones y de la propia imaginación a través de la imitación y de manera implícita.

Libres, pero con adultos

El docente no está aquí solo para controlar que las normas se cumplen o que no hay conductas disruptivas: su papel mediador es el que permite que las experiencias del recreo puedan ser expresadas y compartidas.

Cuando, por ejemplo, surgen conflictos (algo natural en cualquier juego con normas) el adulto no debería limitarse a decidir quién tiene razón o imponer una solución, sino ayudar a su tramitación. En lugar de resolver, puede intervenir poniendo palabras a lo ocurrido: “¿Qué ha pasado aquí?”, “¿Qué querías hacer tú?”, “¿Y tú cómo lo has vivido?”. A partir de ahí, acompaña a los alumnos a escucharse, a entender el punto de vista del otro y a buscar alternativas. No elimina el conflicto, pero lo convierte en una oportunidad de aprendizaje.


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Construyéndose a sí mismos

Al mismo tiempo, el adulto desempeña una función constituyente. Lo que dice (y también lo que no dice) contribuye a la imagen que el niño construye de sí mismo. No es lo mismo decir “siempre estás molestando” que “veo que hoy te está costando encontrar tu sitio en el juego, vamos a pensar cómo hacerlo”. En el primer caso, el niño queda fijado a una etiqueta; en el segundo, se le reconoce como alguien capaz de cambiar y encontrar una posición diferente.

Las palabras adultas, por tanto, no solo regulan la conducta, sino que ayudan a configurar un alumno capaz, reconocido y con lugar dentro del grupo. Este proceso se da en el aula, pero también –y especialmente– en los espacios de juego y tiempo compartido.

Parte del aprendizaje, y del horario

Una vez que entendemos que el juego, tanto libre como estructurado, no es únicamente “entretenimiento”, sino una de las principales bases del aprendizaje en primaria, podemos incorporarlo de forma intencional dentro de las horas lectivas.

Algunos centros ya están introduciendo estructuras de juego de manera cotidiana, en momentos estables de la jornada, ya sea al inicio o al final del día, que permiten a los alumnos entrar en la actividad escolar o cerrarla desde una posición más regulada.

Por ejemplo:

  • Estructuras de juego al inicio de la mañana, con propuestas breves que combinan juego simbólico, construcción o interacción guiada, y que ayudan a activar la atención, favorecer la entrada al aula y anticipar el trabajo posterior.

  • Espacios de juego al final de la jornada, que permiten elaborar lo vivido durante el día, reducir la tensión acumulada y cerrar la experiencia escolar desde el vínculo y la interacción.

  • Rituales de cuentos diarios.

  • Momentos de expresión artística regular.

  • Tiempo de dramatización, expresión corporal y artística, vías fundamentales de desarrollo cognitivo, emocional y social.

Además, a través de estas actividades, los aprendizajes vinculan a los alumnos con la escuela y entre ellos.

El papel de las narraciones

Los cuentos leídos en común y la puesta en escena de obras teatrales entrenan la escucha que se necesita para mejorar en nuestras capacidades básicas de expresión oral y escrita. El niño más pequeño aprende a seguir una historia, anticipar, interpretar y dar significado: bases fundamentales del lenguaje.

Pero su valor no se limita a las primeras edades. En los alumnos más mayores, estas prácticas permiten algo aún más complejo: sostener la atención, comprender puntos de vista diferentes, elaborar conflictos y construir pensamiento propio. A través del relato y la dramatización, los estudiantes no solo entienden historias, sino que aprenden a interpretar la realidad, a posicionarse y a dar sentido a lo que viven.

Escuchar una historia compartida o participar en una representación implica entrar en un tiempo común, aceptar reglas, esperar, imaginar y conectar con los otros. Son, por tanto, experiencias que no solo desarrollan el lenguaje, sino también la capacidad de pensar, convivir y construir una identidad propia en relación con los otros.

¿Ampliar el recreo… o la mirada?

Ampliar el tiempo de ocio puede ser una medida positiva, pero especialmente si va acompañada de una reflexión pedagógica sobre lo que aporta y cómo se puede facilitar y aprovechar.

No se trata sólo de añadir minutos, sino de repensar el papel del juego, del relato y de la expresión en la escuela. El debate, en el fondo, es sobre hasta qué punto dejamos a los niños ser niños a lo largo de su educación formal.

El PSOE lleva al Congreso su vacuna contra el virus franquista en los jóvenes



El PSOE lleva al Congreso su vacuna contra el virus franquista en los jóvenes

Los socialistas plantean reforzar la memoria democrática en las aulas ante el avance de discursos negacionistas sobre el franquismo


El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i) y el portavoz del PSOE en el Congreso, Patxi López (d), durante un pleno extraordinario, en el Congreso de los Diputados. EP.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i) y el portavoz del PSOE en el Congreso, Patxi López (d), durante un pleno extraordinario, en el Congreso de los Diputados. EP.

El PSOE quiere llevar al Congreso una respuesta política, educativa y memorialista ante un síntoma que inquieta cada vez más a la izquierda: el avance de discursos negacionistas, reaccionarios y revisionistas sobre el franquismo entre los jóvenes. Los socialistas consideran que la extrema derecha ha ganado terreno en ese campo con mensajes simples, bulos y relatos de blanqueamiento de la dictadura, mientras el espacio democrático no ha logrado construir una pedagogía eficaz que conecte con las nuevas generaciones.

La iniciativa se debatirá este miércoles en la Comisión Constitucional del Congreso y plantea reforzar los contenidos sobre memoria democrática en colegios e institutos. El objetivo es que los currículos educativos incorporen materiales que visibilicen a las víctimas de la persecución y de las políticas represivas del franquismo, con especial atención a la represión sufrida por las mujeres durante la dictadura.

El punto de partida del PSOE es claro: no basta con dar por hecho que la democracia se defiende sola. En el texto, los socialistas alertan de que la extrema derecha ha desplegado una estrategia eficaz para dulcificar el franquismo mediante “mensajes falaces, pero impactantes”. Frente a ello, reconocen que los demócratas no siempre han ofrecido un discurso pedagógico capaz de llegar a los jóvenes en un lenguaje comprensible y emocionalmente eficaz.

Los datos que acompañan la iniciativa explican la alarma. El PSOE cita el sondeo del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) del pasado mes de enero, según el cual al 38% de los menores de 24 años no les importaría vivir en un régimen “poco democrático” si eso les garantizara una supuesta “mejor calidad de vida”. Ese porcentaje supera en diez puntos la media y contrasta con el grupo de entre 55 y 64 años, donde apenas un 22% comparte esa afirmación.

La preocupación aumenta al observar la evolución de los últimos años. Según los datos manejados por los socialistas, el apoyo a la democracia entre los menores de 24 años ha descendido del 83% en 2017 al 76% en 2024. Para el PSOE, esa tendencia confirma que existe una grieta generacional sobre la percepción de la democracia y que los discursos autoritarios encuentran cada vez más espacio entre quienes no vivieron la dictadura ni crecieron escuchando de forma directa sus consecuencias.

Memoria contra el blanqueamiento

La propuesta socialista parte de una premisa política contundente: no actuar ante este fenómeno sería una “irresponsabilidad” y también una forma de complicidad con quienes niegan la verdad histórica y revictimizan a quienes sufrieron la represión. Por eso, el PSOE defiende que las aulas expliquen con claridad que la dictadura franquista sometió a la población española a pobreza, violencia, muerte y desolación.

 En ese contexto, los socialistas plantean intensificar los programas orientados al conocimiento de los regímenes totalitarios y autoritarios, con especial atención a las consecuencias de vivir bajo la dictadura franquista. También piden abordar las distintas formas de violencia ejercidas durante el franquismo, desde la persecución política hasta la represión social, laboral, cultural y de género.

La iniciativa pone el foco especialmente en las mujeres. El PSOE quiere que se visibilice la represión específica que sufrieron durante la dictadura, pero también su papel como protagonistas de la larga lucha por la democracia. No se trata sólo de contar a las víctimas como sujetos pasivos de la historia, sino de reconocer su papel en la resistenciala organización social y la recuperación de libertades.

La propuesta incluye además programas de formación docente para que el profesorado pueda abordar estos contenidos con herramientas actualizadas y desde una enseñanza basada en los valores democráticos y la defensa de los derechos humanos. Los socialistas también reclaman acciones de sensibilización dirigidas al conjunto de la comunidad educativa, incluidos equipos directivos, docentes y familias, así como cooperación técnica con las comunidades autónomas.

Vía Laietana, la otra batalla memorialista

La misma sesión de la Comisión Constitucional abordará otra iniciativa vinculada a la memoria democrática. Sumar defenderá una proposición no de ley para convertir la comisaría de la Policía Nacional situada en el número 43 de la Vía Laietana de Barcelona en un Espacio de Memoria y Documentación contra la Tortura y la Represión Franquista abierto al público.

El grupo minoritario del Gobierno reclama reubicar a los agentes que trabajan actualmente en esas dependencias y transformar el edificio, antigua sede de la Brigada Político Social en la capital catalana, en un centro memorialista. Allí se expondría documentación relativa a expedientes policiales, represión política y torturas cometidas durante la dictadura.

Sumar recuerda que esta demanda ya ha sido respaldada por el Ayuntamiento de Barcelona, el Parlament de Catalunya e incluso por la Comisión de Interior del Congreso. La reclamación conecta con el mismo debate de fondo que plantea el PSOE: cómo evitar que la memoria democrática quede arrinconada justo cuando los relatos reaccionarios intentan reescribir el pasado para disputar el futuro.

domingo, 26 de abril de 2026

Patógenos ultras buscan envenenar la convivencia

 Primero se les insulta. Si son negros se les llama “monos”. El otro sábado (18 de abril) se pusieron a gritar “¡Fuera la mona!” en la Puerta del Sol de Madrid. “La mona” era, según ellos, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez Gómez, y los que gritaban eran cientos de venezolanos residentes en España que acudieron a agasajar a la líder de la oposición al chavismo residual y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, muy arropada y acompañada por dirigentes de la derecha extrema y la extrema derecha española. Lanzó y jaleó el grito racista el cantante Carlos Baute, un tipo que ya en 2018 aparecía en las listas de Hacienda con unos impagos de 407.000 euros, más de lo que gana en doce años un trabajador medio en España.

Delcy Rodríguez no es Vinicius, pero tanto da. Si el presidente de los Estados Unidos (EEUU), el belicoso supremacista Donald Trump, caracteriza en las redes sociales a su antecesor Barack Obama y a su compañera Michelle como si fueran una pareja de orangutanes tampoco es cuestión de pedir respeto y educación a sus nuevos subordinados. Así que venga, todos a una: “¡Fuera la mona!” Quizá más tarde, cuando cientos de mujeres venezolanas se congreguen en la Plaza Brión de Chacaíto, al este de Caracas, para rechazar los insultos no solo a la presidenta encargada sino a las mujeres venezolanas, el mencionado Baute y la galardonada Corina (Medalla de Oro de la Comunidad de Madrid y Llave de Oro de la ciudad) se sientan obligados a disculparse, como sucedió de hecho.

Esos dirigentes patógenos llegados a este mundo a envenenar la convivencia con mentiras y propaganda barata son los mismos que rechazan el derecho a la igualdad de las mujeres

Cuando se pasa de esa introducción al desprecio que es el vulgar insulto racista –“mono, panchito, moromierda, sudaca, negrata” y otros– a un análisis más sosegado, enseguida aparece la observación de que los insultados son seres inferiores, extranjeros poco evolucionados, gente más instintiva que racional, individuos primitivos que afilan sus cuchillos en la edad de piedra y, por consiguiente, plebe peligrosa. “Van a regularizar a violadores”, afirmó nada menos que el presidente del Partido Popular (PP), Alberto Núñez Feijóo, sin presentar prueba alguna de su aserto verbal.


Ya es sabido que el principal partido de la derecha y sus aliados de la ultraderecha voxido están que bufan porque el Gobierno de Pedro Sánchez ha puesto en marcha la regularización de más de medio millón de inmigrantes que desde hace tiempo viven y trabajan con nosotros. Es una regularización aprobada hacia dos años por el Congreso de los Diputados y respaldada por más de 600.000 firmas, sindicatos, patronales, organización no gubernamentales y la propia Iglesia Católica. Pero se ve que a PP-VOX les molesta que sean visibles y tengan derechos sociales e incluso humanos.

Un paso más en el estudio de los coloquiales insultos racistas y de la xenofobia en boga conduce al observador a preguntarse si este fenómeno es el primer signo proclive a la supresión de los derechos civiles básicos de los inmigrantes insultados. Y si. Esa es precisamente la estrategia de la derecha reaccionaria y patógena. Primero se les insulta, se les califica de animales o de subespecie humana en el mejor de los casos y luego ya resulta más fácil negarles los derechos inalienables como seres humanos.

La discriminación de las personas por razón de origen, raza, religión y otros motivos ha sido plasmada por agentes patógenos en los acuerdos PP-VOX para formar los gobiernos autonómicos de Extremadura y Aragón, de modo que los inmigrantes queden detrás de los nacidos en España a la hora de acceder a la asistencia sanitaria, social, educativa y a las migajas del que llaman “estado del bienestar”. “Primero los de casa”, dicen, como si los europeos, americanos, asiáticos y africanos que viven y trabajan en nuestro país no fueran personas ni tuvieran los mismos deberes y obligaciones que nosotros.


Esos dirigentes patógenos llegados a este mundo a envenenar la convivencia con mentiras y propaganda barata son los mismos que rechazan el derecho a la igualdad de las mujeres, niegan los asesinatos y la violencia machista, califican de “fanatismo climático” el calentamiento del planeta y los efectos letales de las emisiones contaminantes. Son patógenos cínicos, canelos, perrunos que orinan en público sin sentir ningún pudor y actúan, viven y cobran buenos sueldos a cuenta del común –y algunos trincan por detrás– amparados por la Constitución democrática de 1978, pero en contra de la Constitución, la democracia, la igualdad y el Estado de derecho.

Esos seguidores del matón de la Casa Blanca y del genocida Netanyahu dijeron meses atrás que iban a echar de España a ocho millones de personas, inmigrantes e hijos de inmigrantes, y retoman ahora su mensaje de odio rehabilitando el concepto empleado hace cuarenta años por el fascista francés Jean-Marie Le Pen de “prioridad nacional” para hacernos creer que si algunos servicios de la sanidad pública están colapsados y funcionan mal o si faltan plazas escolares o si hay poca vivienda y es muy cara o si las ayudas a la dependencia llegan tarde y las pagas del mínimo vital, más tarde todavía, es por culpa de los inmigrantes.

Aunque la falsedad y toxicidad de ese mensaje salte a la vista, a cierta derecha política que solo aspira al D+P (el Deterioro y la Privatización) de los servicios públicos para hacer negocio y, por supuesto, a echar del Gobierno al prestigioso dirigente progresista Pedro Sánchez, parece no importarle la discriminación, segregación y el apartheid implícitos y explícitos en los pactos autonómicos PP-VOX. Con esas medidas contra las personas de otros países que viven y trabajan (y juegan al fútbol y forman parte de las Fuerzas Armadas españolas) no solo pretenden enfrentar a la gente, sino además que les voten. Si esos pactos (legales) y las mociones similares que pretenden aprobar en otras autonomías donde tienen mayoría vulneran los derechos constitucionales de las personas, deberían ser recurridos de inmediato por el Defensor del Pueblo sin esperar a que adquieran forma jurídica. No olvidemos que para hacer daño basta con circulares y órdenes verbales. Y si no recuerde lo que hizo la señora Ayuso con los ancianos de las residencias durante la pandemia del coronavirus.

El Ayuntamiento ultima el contrato para continuar las exhumaciones de la gran fosa de represaliados en La Salud

Carmen Reina

26 de abril de 2026 20:56 h

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El Ayuntamiento de Córdoba se encuentra ultimando el contrato con el que se pretende continuar los trabajos pendientes en la gran fosa de represaliados del cementerio de La Salud, de manera que se termine de excavar el cuadro de Virgen de los Dolores. En esta zona, los trabajos quedaron parados y se volvió a tapar la fosa en enero pasado, después de que expirara el contrato con el que se habían ejecutado durante más de dos años las labores de sondeo, excavación, exhumación y análisis de restos hallados de víctimas del golpe de estado de 1936 y la represión franquista.

Ahora, según confirman fuentes municipales a Cordópolis, el Ayuntamiento está acabando la memoria del contrato para continuar con las exhumaciones de la fosa de Virgen de los Dolores, para lo que cuenta con 150.000 euros de financiación aportada por el Gobierno central

En esta zona, el anterior contrato terminó en diciembre de 2025 y solo se prorrogaron algunos trabajos en enero para las últimas labores con los restos extraídos, si bien aún quedan prospecciones por hacer en este mismo cuadro en busca de hallar más restos y en otras partes del cementerio. Allí se han hallado la mayoría de los 189 represaliados certificados hasta el momento dentro del más de millar de cuerpos extraídos en este cementerio.

Con el nuevo contrato que se está redactando se prevén realizar catas para comprobar si hay enterramientos en el espacio que quedó por excavar y en el límite con la parcela de enterramientos de militares, para ver si la fosa de represaliados se extiende debajo. Una vez redactado y aprobado dicho contrato, se sacará a licitación y deberá adjudicarse a la entidad que vaya a desarrollar los trabajos.

Mientras, en paralelo, el Consistorio asegura que se está redactando el nuevo convenio que deberán firmar el Ayuntamiento, la Diputación Provincial y la Junta de Andalucía para seguir con el resto de trabajos de localización y recuperación de los restos de personas represaliadas en los cementerios de La Salud y de San Rafael.

Imagen de archivo de las exhumaciones de las fosas del cementerio de La Salud de Córdoba.

Reunión con colectivos de memoria

Esta información también ha sido trasladada por el Ayuntamiento a colectivos memorialistas como, por ejemplo, la Federación Andaluza de Memoria Democrática que mantuvo el pasado 8 de abril una reunión con el concejal delegado de Infraestructuras, Miguel Ruiz Madruga -de quien dependen los trabajos de exhumación en los cementerios-.

 Desde la Federación Andaluza de Memoria Democrática, su delegada en Córdoba y miembro de la junta directiva, Mar Téllez, expone que al colectivo se le trasladó que el primer contrato para continuar los trabajos en La Salud debería estar aprobado en mayo y, a partir de ahí, se sacaría a licitación. La dotación de 150.000 euros del Gobierno se utilizaría en este caso para las exhumaciones.

Mientras, para el nuevo convenio que ha de firmarse entre las administraciones, la entidad solicitó que se tramite por vía de urgencia para “acortar los plazos a la mitad”. Y se evaluará la inclusión en el contrato de estos trabajos la dotación de la Oficina de Atención a las Víctimas, así como la posibilidad de levantar un memorial en el cementerio de La Salud en homenaje a las víctimas represaliadas.

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