¿SE IRÁN DE ROSITAS LOS RESPONSABLES DE LA CORRUPCIÓN DE GURTEL Y KITCHEN?
Perplejidad e indignación que se han acrecentado tras comprobar cómo Feijóo, Tellado, Ayuso y demás inquisidores implacables de la corrupción ajena, real o inventada, intentan ahora soslayar la responsabilidad propia, procurando incluso restar importancia a este escándalo mayúsculo de la corrupción derechista.
Rajoy ha bromeado sobre sus múltiples apelativos en boca de la trama. “Pregúnteles a ellos”, respondía al interrogatorio de los letrados. Cospedal precisaba que solo hacía “preguntas” a Villarejo, nunca “encargos”, que no entendemos nada.
Jorge Fernández Díaz, el ministro de la policía patriótica, sigue dando lecciones de ética en el periódico de cabecera del PP. Ninguno de ellos ha pisado un solo día la cárcel. Rajoy y Cospedal ni tan siquiera están imputados. La protección ha llegado hasta la evitación de las preguntas incómodas en el banquillo de los testigos…
Resulta desolador para cualquier que haya seguido la instrucción y la vista judicial de este proceso con la esperanza de que se hiciera justicia y los culpables tuvieran que hacer frente a sus responsabilidades.
El caso Gurtel consistió en una red mafiosa que penetró en las administraciones de media España, especialmente en Madrid, Comunidad Valenciana y Galicia, retribuyendo contrataciones fraudulentas con financiación criminal de las campañas electorales del PP, y con sobornos y dádivas para sus cargos institucionales y dirigentes orgánicos. De los sobres recibidos por ministros al jaguar de Ana Mato, pasando por las mordidas de consejeros autonómicos y de los alcaldes de Boadilla, Pozuelo, Arganda, Majadahonda…
El caso Kitchen supuso la utilización del Ministerio del Interior, de la Policía Nacional y de los fondos reservados para amparar a los delincuentes, en lugar de para perseguirlos. Los episodios de seguimientos al tesorero del PP y de su mujer, los sobornos al chófer de ambos para que les espiara, el falso sacerdote secuestrador y otros parecidos resultan más propios de una película de Torrente que de la gestión de la seguridad pública en un país serio.
¿Se irán de rositas aquellos que debieran responder de sus actos delictivos con la cárcel? ¿Se irán de rositas aquellos que debieran asumir las responsabilidades políticas que exigen cada día por mucho menos a los demás? Ojalá no sea así, pero la cosa no apunta bien, a juzgar por lo visto y oido en estos días.
Ciertamente, los casos de corrupción no son exclusivos del PP. También los hay y muy graves en VOX, con el mérito de protagonizarlos en la oposición, sin tan siquiera haber tocado poder apenas.
Y los ha habido en el PSOE, sí, pero con un tratamiento en lo político y en lo judicial bien diferente. La inmediatez y contundencia de la respuesta política del Gobierno y del PSOE ante los primeros indicios no tiene comparación posible con el disimulo, cuando no el amparo y el respaldo directo al corrupto por parte del PP.
Si se compara la diligencia con que la Justicia actuó contra el Fiscal General del Estado por desbaratar un bulo, con la tardanza en procesar al exministro Fernández Díaz por encabezar, presuntamente aún, el escándalo Kitchen, las conclusiones son inquietantes.
Tampoco tranquiliza la comparación entre el tratamiento dispensado al Rajoy de las chanzas, a pesar de haber liderado al PP de Gurtel y de Kitchen, con el trato recibido por Begoña Gómez, clara víctima de falsas acusaciones, tan delirantes en lo jurídico como políticamente interesadas.
Ojalá no se confirmen las peores expectativas, por el buen crédito de nuestra justicia y de nuestra democracia.
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