Miles de jóvenes del Movimiento Socialista preparan un 1 de mayo revolucionario: "Por un programa comunista sin tutelas reformistas"
Cinco marchas llenarán Madrid, Pamplona, Valencia, Santiago de Compostela, Barcelona de banderas rojas

Miles de jóvenes del Movimiento Socialista preparan un 1 de mayo revolucionario. Imagen de la CJS.
La demonización de los jóvenes es una tónica habitual que ha sobrevivido a lo largo de la historia. Depositar sobre los hombros de una juventud obligada a asumir que vivirá peor que sus padres el avance de la ultraderecha es más cómodo que analizar las causas que han aupado a la reacción. Una explicación sencilla para la izquierda sistémica, en el Parlamento, los medios de comunicación y gran parte de la sociedad civil, pero no por ello cierta. El Movimiento Socialista, aprovechando el 1 de mayo, está dispuesto a tumbar este relato tomando las calles de cinco ciudades (Madrid, Pamplona, Valencia, Santiago de Compostela, Barcelona).
“Existe una alternativa al sistema liberal, un programa comunista que de verdad sitúe a los trabajadores como prioridad”, traslada Paula Villas, portavoz de la Coordinadora Juvenil Socialista (CJS), a ElPlural.com. Desde un pequeño piso del barrio obrero de Carabanchel (Marid), parte de un bloque en lucha que ha conseguido arrancarle alquileres sociales a la Sareb, responde a las preguntas de este medio y explica cómo el colapso político y económico del liberalismo y el fracaso de las izquierdas capitalistas ante los problemas de la clase trabajadora han aupado a la extrema derecha, pero también han agrupado a miles de jóvenes en torno al Movimiento Socialista.
El orden político liberal se está viniendo abajo
El 1 de mayo "debe ser un día de lucha", no simplemente una “fecha folclórica” para la clase trabajadora, o eso piensa Gonzalo Gallardo, otro militante presente en la conversación. “Es un día en el que creemos que, con el contexto actual, el imperialismo y las guerras que estamos viviendo tienen que ser señaladas como el principal mal de los trabajadores”, ahonda el también portavoz, antes de pasar a desgranar el porqué de su afirmación. Por un lado, la implicación política en las democracias liberales y su estructura, tendente al “autoritarismo, control y disciplina social” en estas coyunturas.
“Cuanto mayor guerra e imperialismo hay fuera, mayor autoritarismo y fascismo hay dentro”, sintetiza. Por el otro, aparece el plano económico. La clase trabajadora contempla como el incremento de los precios energéticos se suman al incesante encarecimiento de la vivienda y a los bajos sueldos, empeorando sus condiciones materiales. En el horizonte, el recorte salarial y la desinversión en servicios públicos, consecuencias habituales de etapas de austeridad postcrisis, amenazan con empeorar aún más la situación. “Las dos dimensiones, política y económica, están directamente vinculadas con las guerras”, certifica Gonzalo.
La superación del sistema capitalista es la única alternativa para los trabajadores
“El eje genocida (Estados Unidos e Israel), la Unión Europea, permeada por el sionismo, y la OTAN, están detrás de esta forma de sobrevivir del capitalismo”, apostilla Paula. “Sobrevivir”, coinciden los dos, porque el “orden político liberal se está viniendo abajo”. El orden internacional basado en reglas se ha demostrado impotente y el Estado del Bienestar no se sustenta, por lo que se requiere autoritarismo para mantener el control. Un caldo de cultivo perfecto para el avance de la falsa radicalidad de la extrema derecha, as en la manga del sistema para garantizar el mantenimiento del orden y poder reponerse.
Si bien la captación ultraderechista del evidente descontento social generado por la agonía del capitalismo no puede entenderse sin el fracaso previo de los proyectos de izquierdas que la década pasada emergieron para transformar, que no cambiar, el sistema. Formaciones populistas de nuevo cuñó y envejecidos partidos que en otra época llegaron a considerarse revolucionarios han chocado de bruces con la realidad y, maniatados, se han visto incapaces de desplegar el programa socialdemócrata por el mero hecho de que la redistribución real no cabe en el juego.
La izquierda capitalista y su responsabilidad
“No hay dinero para su programa redistributivo”, explica Paula este fracaso de la izquierda sistémica. “Todo empieza por una crisis, que significa que hay menos para repartir; decae el Estado del Bienestar, lo que derivará en protestas; y en ese momento aparece la necesidad de estabilizar le Estado, a través del autoritarismo interno, y buscar dinero fuera, con el imperialismo”, detalla lo visto tantas veces a lo largo de la historia. Este “cierre del ciclo político progresista”, añade Gonzalo, con el descontento que ha generado su fracaso ante los retos estructurales, “aúpa a la extrema derecha”.
A nivel español, continúa Gonzalo, “no se puede explica el auge de la extrema derecha en España sin el fracaso de la experiencia del populismo de izquierdas, su integración en el Gobierno progresista y los límites que han encontrado”. La ley mordaza sigue vigente, el problema de la vivienda cada vez es más grave y se ha sostenido una tendencia belicista y militarista, aumentando los presupuestos para estas partidas, posiciones que no se les escapan a estos militantes ni a los miles de jóvenes a los que dan voz.
Es la oportunidad de recomponer una alternativa comunista y revolucionaria
“La gente no confía en la izquierda reformista, lo que genera hastío. Pero no hay solo dos opciones, o trumpismo internacional y el eje genocida, o la nueva forma de progresista llamada sanchismo, que ha convertido a los partidos a su izquierda en satélites; las dos capitalistas, con sus matices y diferencias”, traslada Gonzalo. “Están dadas las condiciones y hay un espacio de oportunidad para recomponer una alternativa comunista y revolucionaria”, defiende. El horizonte es claro y Paula lo dibuja en pocas palabras: “la superación del sistema capitalista es la única alternativa para los trabajadores”.
La alternativa revolucionaria
La recomposición de un movimiento antiimperialismo y antimilitarista a escala internacional que vuelva a poner a la clase trabajadora en el centro del proyecto político y que sea capaz de bloquear esta tendencia hacia el rearme y el autoritarismo es el objetivo claro del Movimiento Socialista. “Hay que dar una respuesta de clase que sirva para recomponer este polo comunista”, analiza Gonzalo, que presenta como fin último y deseable un “sistema de Estados socialistas a nivel europeo”.
Se está perdiendo el miedo a defender una alternativa revolucionaria
Una reconstrucción de un proyecto que, para para Paula, requiere de “valentía para volver a poner un programa comunista sobre la mesa”. “Traer de vuelta el marxismo clásico y actualizarlo a la situación actual, con una cultura militante y dándole importancia a la construcción organizativa”, desgrana. Una emancipación alejada de las “tutelas reformistas” que, aseguran ambos, cada vez está sumando más adeptos. “Se está perdiendo el miedo a defender una alternativa revolucionaria al capitalismo”, asegura Paula, orgullosa.
“Han querido plantear que no había alternativa, que todo era desencanto, hechos aislados, nihilismo, individualismo. Pero no, existe la posibilidad con trabajo diario y militancia de recomponer el espacio”, apostilla Gonzalo. El trabajo es diario y el orgullo crece con la militancia. “Desempolvar y alzar la bandera roja que tantos años llevaba enterrada”, se escucha a otro de los presentes, que escucha con atención a sus portavoces y que representa el sentir de los miles de militantes que, el próximo 1 de mayo, defenderán este proyecto revolucionario en las calles.
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