El detonante de la crisis que actualmente enfrenta a España e Israel se produjo tras el reconocimiento de Estado de Palestina por parte del Gobierno español en mayo de 2024. En el contexto de la actual espiral bélica, que solo beneficia al primer ministro, Benjamín Netanyahu, y a sus socios extremistas, estos últimos han impuesto una narrativa en la que atribuyen a Hamás el éxito del reconocimiento del Estado palestino.
Sin embargo, un Estado palestino viable y pacífico tendría grandes beneficios para Israel. A continuación, analizo cuáles serían los aspectos positivos del escenario de los dos estados.
1. Seguridad a largo plazo
A pesar de las declaraciones de Netanyahu, del ministro de Seguridad, Itamar Ben Gvir, y del de Finanzas, Bezalel Smotrich, el único camino viable de Israel para obtener más seguridad es la paz con los árabes.
Desde que el Tzahal –las fuerzas de Defensa israelíes– entrara en el Líbano en 1978 para expulsar a los fedayines o combatientes palestinos y evitar atentados, Israel ha invadido el país del cedro hasta en cinco ocasiones. El resultado ha sido nefasto, ya que, con la única excepción de los años en los que se retiró del Líbano, Israel no ha estado más seguro.
Si nos centramos en el lanzamiento de misiles por parte de Hezbollah, vemos que esta tendencia no ha hecho más que subir, alcanzando récords históricos desde el 7 de octubre de 2023.

Lo mismo ocurre con Gaza. A comienzos de siglo, Hamás lanzaba unos 650 misiles al año y, tras cinco invasiones, tras la destrucción de la Franja y tras la muerte de unos 75 000 gazatíes, Israel no ha logrado frenar esos ataques. De hecho, desde el 7 de octubre de 2023, Hamás ha sido capaz de lanzar 15 792 misiles por año, lo que nos lleva a pensar que la invasión no ha servido para dar más seguridad a los isralíes

Esta situación de inseguridad creciente contrasta frontalmente con la que Israel tiene en Jordania y en Egipto: tras los acuerdos de 1978 y de 1994, los israelíes viven en paz con egipcios y jordanos. Por lo tanto, lejos de lo que predica Netanyahu, la estrategia de confrontación de Israel con Hamás y con el Líbano no solo no traído la paz, sino más inseguridad.
2. Más legitimidad internacional y reducción de las campañas de boicot
Uno de los problemas más serios de un estado es la pérdida de su reputación. A nivel internacional, Israel está sufriendo una campaña de desprestigio que tiene como epicentro la ocupación de Cisjordania y la posterior invasión de Gaza.
Si Palestina fuera un Estado y este hubiera sido reconocido por Israel, esta campaña carecería de sentido y los defensores del BDS –Boicot, Desinversión y Sanciones– no encontrarían eco. A medio plazo, Israel podría estar en muchos foros donde hoy no está o en los que su presencia ha generado problemas: Bienal de Venezia, la Vuelta Ciclista a España o Eurovisión.
Lo mismo ocurre con las relaciones diplomáticas de Israel. A día de hoy, tiene abiertas crisis diplomáticas con España, Noruega, Irlanda, Bahréin y Brasil. En todos estos casos se ha producido una degradación de la representación o incluso la retirada de los embajadores. Un Estado palestino reconocido por Israel evitaría estos problemas de legitimidad internacional y normalizaría sus relaciones con todo el mundo.
También ocurre con los vecinos. La exitosa y acertada estrategia diplomática que llevó a la firma de los Acuerdos de Abraham ha sido pulverizada por las bombas que han arrasado Gaza tras el 7-O.
Los casi 30 años invertidos en la normalización de relaciones diplomáticas con los países del golfo Pérsico se destruyeron en pocas semanas, lo que en términos de reputación internacional debe ser considerado como un sonoro fracaso. Descendiendo a lo concreto, Arabia Saudí ha expresado claramente la condición que pone para retomar las negociaciones: el reconocimiento del Estado palestino.
3. Coste económico de la ocupación
El Banco Mundial ha calculado que el coste acumulado de las colonias de Cisjordania es de unos 20 000 millones de dólares, a los que habría que añadir unos 2 000 millones anuales que Israel tiene que destinar para cubrir la seguridad, la inteligencia y el control de las fronteras.
En términos económicos, estas colonias suponen una merma anual del 0,8 % en el PIB, que se une al 5 % que Israel se ve obligado a gastar en defensa para mantener el statu quo. Si ese dinero se invirtiera en educación, infraestructuras y en I+D se produciría un efecto multiplicador de su economía de entre el 1,2 % y el 1,8 %. Un Estado palestino supondría un importante impulso en el crecimiento económico de Israel.
4. Aislamiento de los radicales y de sus discursos
El momento de mayor esperanza para la paz en Oriente Medio fueron los años 90 con la firma de los acuerdos de Madrid-Oslo.

Como se aprecia en el gráfico, en los años 90 la esperanza de convivir pacíficamente era mayoritaria (70 %) entre palestinos e israelíes. Sin embargo, con la llegada al poder de Hamás y con los gobiernos de Netanyahu, esa esperanza ha descendido hasta las cuotas actuales en las que solo un 30 % de los palestinos aceptaría un Estado israelí y solo un 25 % de los israelíes aceptaría un Estado palestino.
Si Israel no acepta la creación de un Estado palestino no podrá sobrevivir, ya que 150 de los 193 estados miembros de las Naciones Unidas (77,7 % del total) reconocen a Palestina como Estado y 157 (80 % del total) apuestan por la solución de los dos Estados. Por su parte, Palestina debe asumir que tiene que convivir con un Estado judío, ya que las condiciones de vida de su población han empeorado significativamente desde la partición del territorio del mandato británico en 1947.
A corto plazo, la confrontación puede parecer que trae más seguridad, pero a largo plazo solo conducirá a la destrucción de Israel. Como dijo Mahatma Gandhi “No hay camino para la paz; la paz es el camino.”
No hay comentarios:
Publicar un comentario