- Aumenta los requisitos de transparencia en el funcionamiento y actividad de las instituciones públicas. Amplía las obligaciones de publicidad activa sobre agendas institucionales y viajes oficiales de los responsables de las Administraciones y su sector público institucional, hasta el nivel de subdirectores generales.
- Establece, por primera vez en el ámbito de la Admón. General del Estado (AGE), un régimen sancionador por el incumplimiento de las obligaciones en materia de transparencia.
- Refuerza el papel del Consejo de Transparencia y Buen Gobierno, al que se dota de la potestad de imponer multas coercitivas de 600 a 1.000 euros.
- Fomenta la participación ciudadana a través de instrumentos novedosos como las auditorías ciudadanas y los pactos de integridad para prevenir y luchar contra la corrupción en el ámbito de la contratación pública.
- Define por primera vez el conflicto de intereses para todo el personal público de todas las administraciones y establece medidas aplicables al personal eventual.
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