El derecho a la espiritualidad y la autonomía
Durante la jornada, las ponentes coincidieron en que la fe y el feminismo no solo son compatibles, sino que su unión es una herramienta de empoderamiento. Shankari Shaktini, docente de filosofía védica, fue tajante al respecto: “La espiritualidad es mía; si quiero ser de otra religión, es mi libertad como individuo”, denunciando además cómo el dogma institucionalizado ha estigmatizado históricamente lo femenino.
Por su parte, la joven activista cristiana Valentina Pérez Cerezo (Mag+s y Revuelta de las Mujeres en la Iglesia) subrayó la diversidad interna del catolicismo y la lucha por superar el «segundo plano» al que se relega a la mujer: “Seguimos siendo cristianas y feministas”.
Releer los textos para recuperar la dignidad
Uno de los puntos centrales del debate fue la distinción entre el mensaje espiritual original y las interpretaciones patriarcales posteriores. Zoraida Alí Morell, licenciada en Filosofía, recordó que “las primeras creyentes fueron mujeres” y que los textos sagrados, en su esencia, dignifican la figura femenina. En esta línea, Paloma Medina y Rowan Aly enfatizaron que el problema no reside en los textos, sino en lecturas interesadas que refuerzan estructuras masculinas de poder.
Desde la perspectiva del islam en Europa, la abogada Omayma Boughlala lanzó una reflexión crítica sobre el paternalismo de ciertos sectores del feminismo occidental: “Hay personas feministas que no me incluyen porque piensan que no tengo voz. ¿Cómo puedo participar si se considera que he de ser ‘liberada’?”, reivindicando así la autonomía de las mujeres musulmanas para decidir sobre sus propios símbolos y prácticas.
Educación contra el extremismo
La jornada concluyó con un llamamiento a la alfabetización religiosa como antídoto contra el odio y la exclusión. Susana Lorente, de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, afirmó que “el conocimiento es libertad” y propuso integrar la diversidad religiosa en el currículo educativo. Lola Parras Chica (budismo tibetano) y Medha Tyagi (tradición védica) recalcaron la necesidad de desaprender los modelos patriarcales y recuperar el papel central de la mujer en la transmisión de valores.
El encuentro cerró con un compromiso compartido: la necesidad de que las mujeres no solo practiquen su fe, sino que se conviertan en sus propias intérpretes y creadoras de espacios inclusivos, transformando la religión en una herramienta de justicia social.
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