La derecha se pelea y no condena la guerra

 


En realidad, Vox siempre habitó dentro del PP.


Lo único que ha ocurrido es que la ultraderecha, antes agazapada dentro del propio partido, ahora —adolescente, independizada de la nave nodriza y libre de complejos— es quien marca las condiciones.


Vox es el hijo agresivo del PP: aquel machirulo, déspota, que se fue de casa y ha adoptado un discurso revolucionario para convencer a ese grueso de hombres jóvenes que también se están revolviendo contra la política woke, contra el abuso de los logros sociales y comunitarios.


La ideología del individualismo, disfrazada de promesas como conseguir “viviendas para todos”, que saben muy bien que jamás se cumplirán.

Y, ahora, el hijo violento ha vuelto.


Personificado en un Abascal engrandecido e inflado.


Feijóo es hoy una bailarina que da vueltas sobre la cajita de música del PP.


Y Vox es quien le da cuerda.


Una y otra vez.


Para que suene una música que evoca el regreso de los 40 años de fascismo.


Javirroyo

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